Otra de Woody Allen

27/09/2010 at 17:49 Deja un comentario


Cualquier cineasta con casi cuarenta y cinco años de profesión y mismo número de películas a la espalda corre un severo riesgo de quemarse y perder todo el interés que algún día tuvo. Y más un tipo como Woody Allen que de poco a poco (prácticamente cada año) nos presenta una obra que se asemeja mucho a otras criaturas creadas con anterioridad. Pero, precisamente, ahí encontramos la razón de su éxito: ser capaz no sólo de entretener sino de sorprender al espectador con sus enmarañadas historias. Todo un lujo al cual se suma nuestro país en materia de producción y como activo en el plantel de intérpretes, esta vez con Antonio Banderas.

El otro Woody y yo

“Conocerás al hombre de tus sueños” aparece marcada por la inconfundible huella del director neoyorquino, desde los títulos fundidos con la música al principio, hasta el surrealista final. El y solamente él puede elaborar guión de esta guisa que bailotea entre ese cúmulo de personajes tan dispersos, tan perdidos, para acabar siempre sacándonos alguna que otra carcajada. Para ello tira de repertorio y elige a un abanico de actores y actrices de relumbrón que cumplen ampliamente de lo que ellos se podía esperar, desde Anthony Hopkins hasta Naomi Watts, pasando por Josh Brolin. La cuota hispana la representa nuestro Banderas con una exagerada interpretación que no le deja en buen lugar. Sobre todo si lo comparamos con el éxito de la oscarizada Penélope Cruz en Vicky Cristina Barcelona.

El acostumbrado cóctel de individuos sui géneris se compone esta vez básicamente de un matrimonio divorciado y otro a punto de hacerlo. Así, un hombre talludito obsesionado por vivir su segunda juventud cambia a su descuidada esposa por un bellezón tan escultural como hortera, dedicada al oficio más antiguo del mundo. La ex mujer, en huida desesperada de la soledad a la que se ha visto sometida, sólo se apacigua por los cantos de sirena de una vidente fraudulenta. Si cabe, peor está la hija de ambos (Naomi Watts), una bonita cara y mejor alma que podría tenerlo todo y no tiene nada, ni la aventura con su jefe (Antonio Banderas), ni mucho menos el bebé que anhela. El culpable, un marido sumido en la mediocridad como escritor y cuya única válvula de escape es la ventana de su habitación, y la vecina siempre de rojo, que vislumbra a través de ella.

Esta cinta que bien podría llamarse como aquella “Entre Copas”, pues nos presenta entre whiskeys y cervezas el declive profesional y sobre todo personal de unos tipos que sólo pueden contemplar como todo parece ir a peor. ¿Es lo que se merecen? Allen no pretende socavar tan profundo, sólo pasearnos de manera agradable por un idílico Londres que se derrumba entre las ruinas de los personajes. Las patéticas historias oscilan entre la comedia y el drama saltando con buen pulso narrativo de lo gracioso a lo conmovedor. Y nos dejan un regustillo más que aceptable aunque no tengamos el placer de ver a ese individuo apocado y con gafas en pantalla, y por mucho que se trate de un título sin la chispa ni, sobre todo, la ambición de sus obras maestras… Pero seguro que pronto presenciaremos una de ellas.

Crítica publicada en La Hoja de Vallecas

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