Homosexualidad y tradición a Contracorriente


En el globalizado cine del siglo XXI dominado con puño de hierro por el producto made in Hollywood no es tarea sencilla encontrar hueco para modestas películas procedentes de países sin pedigrí en el sector. Más allá del buen ramillete de obras argentinas que han cruzado el océano durante la última década, muchas de ellas reconocibles por el rostro de Ricardo Darín, Suramérica ha pasado tradicionalmente desapercibida en nuestras salas. Qué decir de Perú, una nación de la que poco conocemos a estos niveles salvo que en 2009 fue nominada al Oscar por La Teta Asustada.

En homenaje a estos países con escasos medios y menos capacidad de distribución quiero detenerme en esta ocasión en una película que, estrenada a mediados de septiembre, aún aguanta el tirón en alguna que otra sala madrileña. Cierto que no se trata de una cinta plenamente latina, no en vano parte de la producción es financiada por Francia y Alemania; pero Contracorriente presenta claramente la huella de la sociedad a la que representa. Una sociedad marcada al son de la fuerza de las emociones que fluyen entre las personas y de los valores que los unen, por encima del valor de las cosas materiales de las que en gran parte carecen.

Los protagonistas
Los protagonistas

Javier Fuentes-León nos introduce en el Perú profundo en forma de un minúsculo pueblo pesquero donde todos se conocen y respetan siempre bajo el paraguas del tradicionalismo. Dios, la Iglesia y la familia guían al rebaño en un devenir diario que transcurre entre las modestas casas hechas con papel de fumar, piojosas tascas y las descuidadas calles sólo interesantes porque desembocan en el mar. Miguel es un vecino querido y respetado: va a misa todos los domingos, invita a comer al resto de feligreses, una fotografía colocada en la puerta de su casa parece anunciar que está felizmente casado y espera el alumbramiento de su primer hijo. ¿Hay algo que pueda enturbiar la vida de nuestro protagonista? Sí. El amor y, sobre todo, la conciencia.

Miguel guarda un secreto que sería una bomba de relojería en su comunidad: mantiene una relación homosexual con un guapo pintor llamado Santiago. Con una deseada criatura en ciernes y una esposa a la que en verdad quiere, aunque sea de otra manera, deberá tomar una decisión sin vuelta atrás: dar rienda a su instinto más pasional, aquel que le hace realmente feliz, o solidificar su vida al amparo de los dictados más tradicionales. En esta búsqueda del verdadero significado de la vida el protagonista encontrará serios obstáculos, la opresión de la traición y la fortaleza la conciencia.

El notable hilo argumental, excepcionalmente desarrollado al principio y al final del metraje, los cercanos diálogos entre los personajes, la sensibilidad que emana cada fotograma y la naturalidad de la puesta en escena son los grandes avales de una película magníficamente interpretada. Algunos fallos de guión –por ejemplo la poco creíble localización de los cuadros del pintor por parte de una vengativa joven que anteriormente había sido rechazada por el protagonista, y que será clave para el desarrollo de la historia- y serios altibajos en la parte intermedia, coincidentes con la reiteración de la aparición fantasmal de Santiago, deprecian el valor de una cinta que en todo caso se merece un aprobado muy alto.

DIRECCIÓN: Javier Fuentes-León
INTÉRPRETES: Cristian Mercado, Tatiana Astengo, Manolo Cardona
CALIFICACIÓN: 7/10

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. sofia martínez dice:

    El reciente estreno de Looking 2 , una serie de hbo con temática gay, me llevó a descubrir nuevas propuestas en cuanto a películas que abordan la homosexualidad y es así como descubrí “Contracorriente”, un film que a traves de la tolerancia y respeto logran narrarnos una bellísima y sosegada historia sobre la dignidad. Esta película navega entre el melodrama de sobremesa más sentimental y el realismo mágico de tintes sociales y pretensiones ideológicas. Aporta un mensaje reivindicativo de cualquier orientación sexual y de exigencia para poder mostrarse como uno es, que recorre el camino surrealista y mágico a través del deseo.

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