También la lluvia es nuestra

31/01/2011 at 21:31 Deja un comentario


El mundo no ha cambiado tanto como puede parecer en los últimos cinco siglos. Sí, tenemos Internet donde antes había mensajes dentro de botellas, cambiamos de continente en lo que echamos un sueño en el avión y ya no guerreamos a caballo y con espadas. Pero las relaciones de poder mantienen su naturaleza original hasta el punto de que en pleno siglo XXI seguimos observando cómo unos pocos se aprovechan sin misericordia de unos muchos para colmar sus ambiciones más personales. Ahora los ‘conquistadores’ no degüellan a indígenas ni roban oro a espuertas, como en la época de Cristóbal Colón; sin soldados y en forma de poder económico se apoderan de los recursos ajenos para el beneficio propio y subrayan la desigualdad social existente entre personas según dónde hayan nacido. Incluso el agua es susceptible de ser un negocio con pingües beneficios. Como bien sugiere el título de la película, también la lluvia puede ser propiedad privada.

La última obra de Icíar Bollaín es un magnífico ejercicio reflexivo acerca de la cruda realidad de miseria y explotación que millones de personas padecen a lo largo y ancho del mundo y que solo puede ser combatida con unión y valentía. Estos días lo hemos estamos viendo por televisión en diferentes países musulmanes cuyos ciudadanos han dicho basta ante situaciones de tiranía. En una dimensión menor pero de alto simbolismo, la privatización del agua y la multiplicación de su coste para el pueblo derivó sacudió los cimientos de Bolivia como si de un terremoto se tratara. Todos aquellos despectivamente llamados ‘indios’ que malvivían en chabolas se negaron a quedarse sin agua, sin su agua, y se enfrentaron a las autoridades con todos los medios a su alcance. Medios escasos pero bien amplificados por esa desesperación que obliga a todo mortal a dar un golpe sobra la mesa.
La lucha de los indígenas contra las tropas españolas, en También la Lluvia
También la lluvia muestra los pormenores del conflicto que azotó en 2000 a la tercera ciudad más importante del país andino, Cochabamba, bajo el prisma de un grupo de cineastas españoles que se encuentran en la región filmando una película. Lo que empezó como un rodaje plácido por el bajísimo coste que conllevaba la producción en un país en el cual tenían a su entera disposición y casi por la cara recursos materiales y humanos –a razón de dos dólares por extra-, acabó convirtiéndose en una auténtica cinta de terror al quedarse encerrados en medio de un estado de extrema convulsión por las movilizaciones sociales. La descripción cinematográfica de la situación de extrema esclavitud a la que se vieron sometidos los indígenas por las huestes de Colón, aparentemente tan lejana en el tiempo, empezó a convertirse en una alargada sombra para el equipo español, conscientes en mayor o menor grado de su injusta ‘superioridad’ por ser de donde son y tener dinero.

Estamos pues ante una placentera muestra de cine comprometido reconocido a partes iguales por público y por crítica. Cine pensado no para entretener sino para despertar nuestra conciencia acerca de qué cosas suceden en algunos de los rincones más olvidados del mundo, a los cuales llegan con inusitada fuerza los fantasmas de la corrupción y el poderío de las multinacionales. Ciertamente no es una película muy original, de hecho se parece sospechosamente a una modesta película filmada en 1995 por un desconocido director boliviano llamada Para Recibir El Canto de los Pájaros; pero durante las dos horas de metraje nos hace sentarnos delante de la gran pantalla preguntándonos porqué pasan estas cosas.

Luis Tosar y Gael García Bernal, protagonistas de También la Lluvia, la última película de Icíar Bollaín

El atractivo hilo argumental, la buena interpretación de los actores –como es habitual, Luis Tosar está inconmensurable- y la preciosa fotografía de las montañas bolivianas impulsan una película de la que destaca, ante todo, su compromiso. Eso sí, la historia merecía un desenlace alternativo a la ñoña redención del protagonista, más atención a los personajes secundarios y, tal vez, menos maniqueísmo en ciertos pasajes.

DIRECCIÓN: Icíar Bollaín
INTÉRPRETES: Luis Tosar, Gael García-Bernal
CALIFICACIÓN: 7/10

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