15M: Una revisión a la democracia


15 de mayo de 2011. Llegó el día que marcó un cambio en la España del sol y las tapas, de la fiesta y la siesta. La perpetua resignación del pueblo patrio tocó a su fin una semana antes de unas elecciones locales y autonómicas especialmente manchadas por los fantasmas del oportunismo y la corrupción. Miles de jóvenes (y no tan jóvenes) salieron espontáneamente a las calles de las principales ciudades para gritar ¡basta! bien alto. Para hacerse oír, por fin, ante la situación social de un país que se resquebraja por los cuatro costados. Para desmentir al Fondo Monetario Internacional en su previsión de que somos una generación perdida.

Las redes sociales y el boca a boca sustituyeron a la silenciada televisión para amplificar un movimiento social de enorme calado con una reivindicación en mayúsculas: Democracia Real Ya. ¿Nos están robando la democracia y volviendo en cierta manera a tiempos olvidables? Con motivo de una visita a China me atreví a preguntar a un ciudadano local cómo era la vida en una dictadura como aquella. Su contestación me hizo pensar. Me dijo que tenían una democracia distinta, pero tan respetable como la occidental: tienen un partido único, sí, pero los ciudadanos eligen a sus representantes para la toma de decisiones -los participantes en la Asamblea del Partido Comunista-. En España deberíamos ser felices porque podemos votar a la opción política que deseamos y nuestras libertades son respetadas por el Estado. ¿O no tanto?

Se dice que el espíritu de la democracia tiene como sus principales valores la igualdad, la justicia y la libertad. Pero nuestro país parece decidido a cepillarse estos pilares fundamentales. Hablemos de la política y de los políticos, esos que deben velar por el interés general. Resulta que la obsoleta e injusta ley electoral en vigor otorga un valor a cada provincia y establece un mínimo de sufragios para poder entrar en el reparto, así que beneficiamos a los dos grandes partidos y a los nacionalistas. Por supuesto, PSOE y PP se han negado en rotundo a una reforma que limitaría su cuota de poder. ¿Por qué no se presentan listas abiertas en las que votemos a las personas y no a las siglas que difuminan su mediocridad? ¿Por qué no obligar a los partidos a que sus líderes sean elegidos por los militantes y no a golpe de dedo?

Manifestación el 15M en Sol
Manifestación el 15M en Sol

Los candidatos, algunos imputados por corrupción, se pasean de mitin en mitin facilitando directamente a los telediarios los cortes en los que salen más guapos. Convocan ruedas de prensa sin admitir preguntas y sus mensajes se limitan a arremeter contra el contrario con clásicos como “que viene la derecha” o “el partido de los cinco millones de parados”. ¿Debemos confiar en estos partidos que no son capaces ni de establecer por primera vez en treinta años una estructura educativa que no dependa del Gobierno de turno? En esta situación es normal que se produzcan voces críticas de quienes nos encontramos huérfanos de representación en una sociedad cuya politización alcanza a la Justicia. Considerando que el Tribunal Constitucional es elegido por el Parlamento y el fiscal general por el Gobierno, y que los jueces se adhieren a asociaciones según su ideología progresista o conservadora, poca confianza podemos tener en su independencia.

Las revueltas árabes han supuesto una estela a seguir porque, no lo olvidemos, surgieron no tanto con un propósito de liquidación del régimen en sí mismo sino como un grito desesperado a favor de su supervivencia en unas condiciones económicas desesperadas. Podremos argumentar con certeza que la situación española no es equiparable con las dictaduras egipcia o libia. Pero esa comparación no debe obligarnos a renunciar a una legítima lucha por un país más justo y equilibrado. Islandia es el faro que debe iluminar al mundo: los banqueros han ido a la cárcel y el Gobierno co-responsable de la bancarrota del país dimitió en bloque tras días y días de protestas pacíficas. El españolito medio no está en mejor posición que su contemporáneo islandés. Y muy especialmente los jóvenes, los artífices del 15M, que abrumados por la tasa del 43% de paro en su rango de edad ven como su sólida formación es sólo papel mojado para un desarrollo laboral marcado por la precariedad y el mileurismo.

No es hablar por hablar de una generación ‘Ni-ni’, no se trata de una excusa para liarse a tortas con la policía –aunque siempre algún majadero hay-. Los excesos de la banca han terminado por pagarlo los trabajadores en forma de recortes sociales, aumento de impuestos indirectos y reformas laborales. Las grandes empresas se jactan de beneficios y mientras con una mano amplían los cheques a los directivos, con la otra entregan la carta de despido a los más débiles. Un gobierno aparentemente de izquierdas como el PSOE asimila un discurso de derechas con la obsesión de “calmar a los mercados” (o sea, a los especuladores). Nos sobran razones para levantar la voz. Es necesaria una revolución que gestione una mayor participación de la ciudadanía en las instituciones y que propicie una mayor regulación de los actores económicos. Una revolución pacífica que tenga un plan constructivo y no se deje guiar sólo por un afán sencillamente antisistema. Pensemos bien a quién votar el 22M y busquemos entre todos las soluciones necesarias. Consigamos la democracia plena.

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