Una crisis selectiva

11/01/2012 at 22:26 1 comentario


Con el cierre de 2011 se cumplen cuatro años de una severa crisis económica mundial que ha alcanzado una intensidad solo comparable a la Gran Depresión propiciada por el crack del 29. Tan crítica es la situación que diversos gurús de las finanzas han reclamado la refundación del capitalismo, es decir, un cambio de sistema que devuelva a los Estados la intervención pública en la economía y que mantenga bajo control a todos esos especuladores que bajo el genérico apelativo de ‘mercados’ han acaparado un poder ilimitado, con potestad para destruir países y cambiar gobiernos democráticamente elegidos. Dos presidentes tan influyentes como Obama y Sarkozy dieron rienda suelta a su locuacidad para subrayar como imprescindible una transformación del modelo. Pues bien, estamos iniciando 2012 y el cambio “necesario” ha sido reemplazado por una huida hacia adelante que está deteriorando a marchas forzadas la calidad de vida de centenares de millones de personas en beneficio de unos pocos que desde sus ordenadores compran y venden humo. Países quebrados, gobiernos depuestos (Grecia e Italia) por la tecnocracia y culpables impunes, todo vale en una realidad que tiene como la otra cara de la moneda a Islandia, cuyos ciudadanos propiciaron pacíficamente el cese del presidente, la asunción de las responsabilidades de éste ante la justicia y la negativa a pagar los desfalcos ocasionados por los banqueros desaprensivos.

Posteriormente hablaremos de los dichosos “mercados”, pero antes nos referiremos a ese selecto grupo de políticos que, olvidándose de los electores que les han votado y guardando en el baúl de los recuerdos a los clásicos de la economía (Keynes ha quedado denigrado al mero estudio en las universidades), enarbolan un decálogo neoliberal que hace peligrar este modelo de vida que tantos años nos ha costado conseguir. La receta mágica del ideario impulsado por Angela Merkel desde su poltrona europea y seguido a pies juntillas por sus socios es la reducción del déficit público a toda costa. Gastar menos para sanear los balances y dar confianza a los mercados. Pero esa pócima hallada por la presidenta alemana es injusta porque no castiga a los principales culpables de la recesión en la que estamos inmersos y por contra arremete contra el pueblo llano, sembrando además el campo de minas a la hora de encontrar la luz al final del túnel. Podemos ser unos iletrados en materia económica pero con sentido común podemos entender fácilmente la ecuación: si los Estados no invierten, no se genera empleo, no se consume por falta de dinero y por lo tanto las empresas terminan por adelgazar o incluso cerrar al no dar salida a sus productos. Entonces habrá más despidos y aún menos consumo. Así hasta el infinito.

ARGENPRESS Humor por Sergio Langer

El capitalismo, en crisis

La Unión Europea está siendo el paradigma de la inmolación política y económica. Siguiendo el argumentario de Merkel y de las altas instituciones financieras (Banco Central y Fondo Monetario Internacional) y especuladoras (Bancos de inversión), los tradicionales partidos conservadores y la socialdemocracia han convergido hasta el punto de solaparse. No hace falta irse muy lejos para hallar un ejemplo. Los últimos años de legislatura socialista en España han incluido medidas tan poco progresistas como la eliminación del impuesto de patrimonio, la subida del iva (los impuestos indirectos son los que más afectan a las clases bajas), la reducción del sueldo de los funcionarios, una reforma laboral que tiene muy poco de “obrera” y multimillonarios rescates a los bancos. Más de cuatro millones de votantes castigaron al PSOE en las recientes elecciones para regocijo de un Partido Popular al que solo la han bastado unos días en La Moncloa para dejar de lado su planificada moderación subiendo el IRPF (contradiciendo el repetitivo discurso empleado en la campaña electoral de no subida de impuestos), congelando el Salario Mínimo Interprofesional por primera vez en 45 años, o eliminando las ayudas al alquiler para los más jóvenes. Algunos todavía se sorprenden de que haya un movimiento de indignados.

El déficit público es la gran obsesión del momento y los recortes, la herramienta de estrangulación estrella. El copago sanitario es una triste realidad en Catalunya que en breve se extenderá a nuevas regiones y los colegios ven cómo un menor número de profesores tienen que enseñar a más alumnos por el despido en masa de interinos, mientras que las desgravaciones a los padres que llevan a sus hijos a un colegio privado crecen. El objetivo es evidente: disparar la suscripción a mutuas médicas y colegios privados empobreciendo la calidad del sistema sanitario y educativo. Esta política de ahorro extremo afecta azota especialmente a los servicios sociales y al presupuesto en I+D que, unido a la prolongación del iva superreducido para la adquisición de casas y a la recuperación de la desgravación por vivienda habitual, pinta un futuro para nuestro país enfangado de nuevo en el cemento y el ladrillo. Mientras muchos jóvenes universitarios se ven forzados a emigrar por la falta de oportunidades, infravalorados por el mileurismo imperante y humillados por trabajos que requieren de una cualificación mucho menor a la que poseen, los políticos parecen dispuestos a cometer los errores que nos han llevado a la delicada situación actual mediante la resurrección de otra burbuja inmobiliaria. Así reducimos el paro y, de paso, hacemos un favor a los bancos y al ingente stock de viviendas por vender de que disponen. Pan para mañana, más hambre para pasado.

Esta es la España actual, un país que desde la entrada del euro ha visto como la cesta básica de la compra se ha encarecido un 48% y los salarios apenas han subido un 14%, donde se han construido aeropuertos fantasma y derrochado dinero público a espuertas (¿a quién se le ocurre disponer de un cheque bebé para todos, incluidos los más ricos?), donde las empresas del IBEX-35 baten récords de beneficios a pesar de la crisis y pagan menos porcentaje de impuestos que las PYMES por las desgravaciones, donde los millonarios emplean ingeniería fiscal para tributar minucias ante hacienda, donde los ejecutivos que han llevado a la quiebra a los bancos salen con indemnizaciones astronómicas… Al final recae todo el peso de los sacrificios sobre la clase media-baja, ese cinturón más apretado que nunca bajo la atenta mirada de los mercados, una pata básica para entender el actual sistema. Pero, ¿quiénes manejan los mercados? Principalmente bancos y fondos de inversión que financian a los Estados en busca del mayor interés posible en el mercado de deuda. Curiosamente, muchos de esos bancos que juegan con las economías nacionales han sido previamente rescatados por éstas, y los fondos de inversión siguen las directrices de esas agencias de rating que otorgaban la máxima nota a Lehman Brothers en vísperas de la monstruosa quiebra que azuzó la crisis. La zorra cuidando el gallinero.

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ZP, Rajoy y adláteres borran del mapa a los partidos minoritarios Carta de agradecimiento a Mariano Rajoy

1 comentario Add your own

  • 1. Luis  |  19/02/2012 en 18:50

    Muy bueno Fran, menos mal que los islandeses, aunque fueran unos capullos que nos timaron con el coche, nos enseñan el camino.

    Responder

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