#23F, una marea en defensa de la democracia real


España vivió el 23 de febrero de 1981 el principal atentado contra el estado democrático y constitucional desde la muerte de Franco: el golpe en pleno Congreso de los Diputados liderado por Tejero que a punto estuvo de sumir a nuestro país en la oscuridad en la que estuvo inmersa durante 40 largos años. Pues bien, 32 años después y en idéntico día, hemos vivido el proceso contrario. Miles de personas se manifestaron por las calles de hasta 80 ciudades españolas con el fin de plantar cara a otro golpe de estado. Un golpe sin armas, relativamente pacífico. Pergeñado desde los despachos y con el supuesto aval de los votos. Pero de consecuencias funestas para el pueblo por la desmantelación del estado de bienestar.

Madrid vivió la marcha más multitudinaria a través de cuatro columnas que confluyeron en la Plaza de Neptuno, lugar que se está convirtiendo en emblemático para estas reivindicaciones ciudadanas por la cercanía a un Parlamento en gran parte responsable de la cada vez más precaria situación de los españoles en esta brutal crisis que nos está azotando. Bajo el lema común de “No al golpe de Estado financiero. No debemos, no pagamos“, las columnas pusieron un tono tricolor a las calles de la capital: el verde de la “marea” de profesores que a lo largo de los últimos tiempos se han hecho con un hueco en nuestras conciencias en busca de una educación pública y de calidad; el blanco de las batas del personal sanitario que se movilizan no por la defensa de sus privilegios, como intentan vender los políticos, sino por una atención médica universal y gratuita; y por último, el negro de los mineros que se han convertido en un símbolo social por su espíritu de lucha.

Gran marcha el #23F contra los recortes
Gran marcha el #23F contra los recortes

La Puerta del Sol, la Glorieta de Embajadores, Colón y Vallecas fueron los puntos de partida de las diferentes columnas. Los primeros en partir fueron los concentrados en la avenida Ciudad de Barcelona que, detrás de una pancarta con el eslogan “Contra el paro y los recortes, Vallecas no se calla“, no escatimaron en cánticos y gritos contra los poderes políticos y financieros cuya irresponsabilidad están llevando a este país en particular y a Europa en general a una situación límite. “¡Sanidad pública, sanidad pública!”, “la sanidad no se vende, se defiende”, “lo llaman democracia y no lo es” fueron algunas de las proclamas más socorridas a lo largo de su recorrido, en un ambiente festivo con acompañamiento músical que tuvo su preámbulo con una comida popular autogestionada en la Plaza Vieja.

Casi trescientas organizaciones sociales, sindicales o ecologistas, más las numerosas asambleas del 15M repartidas por las principales ciudades del país, se adhirieron a una convocatoria que fue ampliamente secundada por los ciudadanos a pesar del intenso frío que hacía aquel sábado por la tarde por el temporal de viento frío que causó estragos en numerosos puntos de la península. Otros colectivos especialmente afectados por los recortes, ya sean públicos o privados, tuvieron una destacada presencia y dejaron su particular huella en las marchas. Ejemplos de ello son los miembros de la plataforma Salvemos Telemadrid, incluidos en un brutal ERE que afectará a la friolera de 829 trabajadores, o a los empleados de Iberia que han visto cómo la presentación un ERE dejará en la calle a otros 4.500.

El grito de “¡Sí se puede!” resumió el sentir de todos los que salieron a las calles este #23F. No debemos resignarnos ante la privatización de la sanidad (siendo Madrid el más triste ejemplo, con 6 hospitales y 27 centros de salud), la instauración de un repago farmacéutico, la precarización de la escuela pública (menos medios, menos profesores) en beneficio de la privada (incluyendo deducciones fiscales), los desahucios ejecutados por aquellos bancos que han sido rescatados con nuestro propio dinero, o la subida de impuestos que afectan en mayor medida a las clases bajas y medias. No debemos resignarnos ante la corrupción política que copa día tras día las portadas de los periódicos, ante el poder fáctico financiero que está determinando en alianza con esos supuestos servidores de lo público las políticas de austeridad que no hacen sino arruinar el presente y futuro de la gente. No podemos resignarnos ante la supresión de los más mínimos derechos laborales que nos van a convertir, intencionadamente, en la China de Europa. Sí, se puede. Pero no sólo a través de Facebook o Twitter desde la comodidad del sofá de casa. Sólo se podrá cambiar si desbordamos las calles, pacíficamente, pero con la fuerza de nuestra unión.

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