Escrache: Ahora los aporreados son los políticos

24/03/2013 at 18:56 Deja un comentario


Los políticos del PP y la prensa afín han puesto el grito en el cielo por la última iniciativa emprendida por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) para concienciar a nuestros representantes en el parlamento español del problema de los desahucios: el escrache, una forma de protesta surgida en Argentina por la cual un grupo de activistas se convierte en la sombra de una persona con el objetivo de denunciar un delito o mala praxis profesional. Vamos, una especie de cobrador del frac con trazas de Robin Hood, pero sin bombín ni pajarita, tampoco disfrazados de pollo.

Alberto Ruiz-Gallardón y Esteban González Pons han sido algunos de los primeros damnificados por estos voluntarios con pantoles vaqueros y pelos largos, si acaso identificables por sus camisetas reivindicativas. El vicesecretario general del PP denunció en la comisaría cómo un grupo de unas 60 personas cortó la circulación en su calle y empapeló la fachada con su cara, y cómo algunos de ellos entraron en su portal y aporrearon la puerta de su casa. El diario ABC dedicaba su portada del 22 de marzo a la noticia con un gráfico “acoso salvaje al PP” mientras que Fernando Savater, en su columna de El País, tachaba la acción de “demagogia y populismo, o sea, democracia basura”.

abc

Pero diseccionemos lo que decía el propio González Pons en su canción desesperada publicada, claro, por La Razón. Rimbombante siempre, escribía que “sin libertad no puede haber democracia y sin democracia la libertad no pasa de ser un enunciado vacío […] Si hoy aceptamos que se fuerce a un político, espantando a su familia y sus vecinos, para que cambie su voto, mañana será a un juez para que cambie una sentencia o a un periodista para que cambie de opinión”. No sabemos si el ilustre filósofo Savater catalogaría estas palabras como “demagogia”, dado que esas frases de perogrullo encierran un enorme grado de prepotencia. La prepotencia de quien instalado en el poder se cree blindado a cualquier agresión mientras que desde su púlpito cierra los ojos ante el drama que afecta a miles de españoles. ¿Quién es el acosado, el político al que un día le dan la murga, o la familia que es forzada a abandonar su hogar? ¿Quién es el aporreado, el político al que llaman a su puerta o el manifestante que sale sangrando de una manifestación?

Para González Pons, para Soraya Sáenz de Santamaría (“los derechos no son ilimitados”, amenazó), para la mayoría de la clase política es “inadmisible” que los diputados sean coaccionados. Esgrimiendo siempre el trillado eslogan de que en el parlamento reside la soberanía del pueblo pero olvidando que no respetan la voluntad de ese pueblo al que dicen representar. Si ellos quieren el respeto de su derecho a la intimidad, que lo deberían tener, que respeten antes los derechos humanos más elementales de aquellos que cada cuatro años participan mediante el voto en la “fiesta de la democracia”. Y pocos derechos tan elementales hay como el de una vivienda digna, como expresa el artículo 47 de la Constitución Española y el artículo 25.1 de la Declaración universal de los Derechos Humanos.

El citado artículo de la CE dice que “poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”. Solo de leerlo te da la risa. En lo que vemos si cumplimos el tan manido texto constitucional, la Biblia según para lo que interesa, se multiplican los desahucios (70.257 en 2012) y los suicidios acaparan las primeras páginas de los períódicos (9 en lo que va de año), mientras que incluso el Tribunal de Justicia europeo, ha concluido que la normativa española sobre desahucios incumple la directiva comunitaria de protección del consumidor frente a cláusulas abusivas. Y, sobre todo, que no exista la dación de pago. El colmo: que un banco rescatado con impuestos cobrados entre otros al desahuciado, se quede con la casa y encima se mantenga como acreedor de las cantidades hipotecarias impagadas.

Escrache contra Pons

No se puede negar que la gente de la PAH ha hecho un trabajo ingente para lograr un cambio normativo, incluyendo la recogida de 1.402.854 firmas. Los oídos sordos de la clase política, acompañados por esa pose de comprensión que tanto les gusta mostrar delante de las cámaras de televisión, han obligado a acciones de mayor calado como el escrache. No es lo más saludable y, desde luego, la familia del señalado con una ‘X’ no tiene por qué estar 45 minutos aguantando cómo aporrean la puerta cuando ni siquiera se encuentra allí. Pero dado que las múltiples manifestaciones por las calles de las ciudades españolas no sirven para acercar a la política al pueblo, dado que el Parlamento está arrodillado ante los dictados del capital y la banca, incapaz de cambiar una ley hipotecaria que data del siglo XIX, desgraciadamente sólo cabe impulsar una revolución social desde la no violencia.

Y quién sabe, igual dentro de unos añitos los activistas de la PAH recogen el premio Príncipe de Asturias. Si Nelson Mandela, antiguamente considerado por la ONU como terrorista, ha sido distinguido con el premio Nobel, Todo es posible…

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