La Fiesta del Cine, la supervivencia del cine

23/10/2013 at 22:12 1 comentario


 La Fiesta del Cine con sus entradas a 2,90 euros ha sido todo un éxito. Durante tres días las interminables colas de antaño han vuelto en torno a las taquillas para taquicardia del exiguo personal que las atiende, las butacas de la primera fila que tenían telarañas han alojado por fin el trasero de algún ejemplar ciudadano, los cinéfilos han derramado alguna lagrimita de emoción con la esperanza de que el séptimo arte no siga languideciendo y los ingresos se han disparado en relación a los obtenidos en días similares, a pesar de los descuentos de hasta el 70% por billete. El “todos contentos” origina una pregunta tan lógica como recurrida: ¿Es el elevado precio de la entradas de cine el que ha espantado al personal?

 Los datos son demoledores: 141 salas cerradas en toda España en apenas 15 meses, un 12% de puestos de trabajo perdidos en el sector y una caída de ingresos del 42% en solo un año. La respuesta del mundo del cine ante este desastre no ha sido de autocrítica, sino de autodestrucción, manteniendo los precios a niveles estratosféricos en relación a la disponibilidad económica del españolito de a pie en estos turbulentos tiempos. Después profundizaré a este harakiri del sector, pero el vil dinero no nos puede hacer olvidar que en el hundimiento del cine intervienen otras variables también importasntes:

  •  La calidad media de las películas se ha desplomado en cuestión de una década. Antes podías ir todas las semanas al cine y ver un largo de altos quilates, mientras que en la actualidad para ir una vez al mes te puede costar un riñón encontrar un título sugerente. Remakes sin ideas, secuelas palomiteras e infinitas películas para el público infantil predominan en una cartelera marcada por la falta de ideas, la ausencia de ingenio y por la pérdida de directores y actores de gran carisma que no han encontrado reemplazo. Buena muestra de ello es que, incluso en casa, hayamos suplido el visionado de largometrajes por el de series. Son más cortas y tienen más categoría.
  • Ir al cine ha dejado de ser un acontecimiento social. El centro de Madrid estaba plagado de cines de enorme encanto y era impagable darte un paseo por la Gran Vía un domingo por la tarde, tomar el sol en la Plaza de España, merendar un chocolate con churros en San Ginés y ver una película en alguno de esos templos del séptimo arte. En 2013, la inmensa mayoría de esos cines han sido sustituidos por las clónicas tiendas de H&M o Mango, y en el mejor de los casos, por glamurosos teatros de musical-trampa para el turista. Ahora el mando lo ostentan los multicines alojados en los grandes centros comerciales del extrarradio con carteleras casi idénticas, repleta de dibujos para engatusar a familias con niños que entre las entradas, las palomitas y la compra del Carrefour se dejan medio sueldo.

  • El cine ha sido minimizado por la competencia. Había tiempos en los que ver la última película de Paul Newman y Robert Reford era prácticamente la única forma de disfrutar el tiempo de ocio, o, si acaso, ver al Atleti empatar en el Calderón. En pleno siglo XXI, en la era de Internet, tenemos a nuestra disposición miles de opciones: ver el fútbol en la tele por cable, jugar con la Wii con los colegas, tragarnos dos temporadas de Lost del tirón o llevarnos a nuestros sobrinos a un parque temático. O quedarnos toda la tarde revisando el Facebook porque, no lo olvidemos, somos cada vez menos sociales. E ir al cine ha sido tradicionalmente una actividad de grupo.

  • Las descargas de internet han ampliado las posibilidades de visionar cine y la respuesta del universo cinematográfico ha sido la nada absoluta. En vez de aprovechar las nuevas tecnologías para ofrecer a los clientes productos económicos, SGAE y acólitos se han empeñado en intentar poner puertas al campo con reglas como la Ley Sinde destinadas al fracaso. Tan necesario y lógico es que la cultura no puede ser totalmente gratis (detrás hay creadores que no viven del aire) como que tenga precios competitivos y esté al alcance de cualquiera.

Imagen

 Si unimos los factores antes enumerados al escandaloso precio de las entradas, podemos cuantificar con dos dígitos la pérdida de asistentes a los cines durante los últimos años hasta llegar a la hecatombe del pasado junio, cuando se pulverizó la peor recaudación de la historia en un 30%. Comparamos estos datos con los resultantes de la Fiesta del Cine a la que se sumó el 90% de los complejos de España: cerca de 850.000 espectadores en las jornadas de lunes y martes, llegando a ser un 900% más que el mismo día de la semana anterior con el precio habitual. Evidentemente este desbordamiento de la pasión no se mantendría en el caso de que se normalizara una tarifa asequible de forma permanente, porque desaparecerían los factores “novedad” y “protesta” que han movilizado en parte a los ciudadanos; pero a buen seguro favorecería un fuerte crecimiento de la cultura del cine al igual que el lowcost aéreo ha permitido a muchas personas con pocos recursos económicos conocer otros países. Teniendo en cuenta que:

  • El precio de la entrada en España está por encima de la media europea en términos comparativos con los salarios. En Madrid sale más caro ir al cine que en París, Berlín, Bruselas, Viena, Dublín, Estocolmo, Lisboa, Oslo, Helsinki, Luxemburgo… o Nueva York.

  • Por decisión del Gobierno del PP, el iva cultural se igualó con el tipo máximo: el 21%. En Francia y Alemania se paga el 7%, en Portugal el 13%, en Holanda el 6%, Irlanda el 9%… o en Noruega un 0%. Y, paradojas de la vida, ver un partido de fútbol en España supone el pago de un iva reducido del 10%.

 ¿Y quién se queda con los casi diez euros que cuesta ya una entrada en muchas salas de España? Pancho Casal lo resume perfectamente en su blog en una entrada que, aunque un poco antigua, tiene vigencia. Simplificando y dejando aparte el iva y el pertinente 2% que se lleva la SGAE, alrededor del 50% queda en manos de los propietarios de los cines, el 30% a disposición de los productores de la película y el otro 20% para los distribuidores. 

 ¿Hay salida para el mundo del cine? Por supuesto. Es necesario un nuevo modelo cimentado en la calidad de las películas en contraposición a las morrallas infumables que las grandes productoras obligan a proyectar a cambio de los derechos del Avatar de turno; un compromiso de los propietarios de los cines a moderar las tarifas paralelamente a la minimización de la distribución que tanto encarece los productos en todos los sectores de la economía; que el Estado entienda que la cultura es un pilar básico de la condición humana que no puede gravarse con un 21%; y, mirándonos al ombligo, que llegado el caso de que podamos ir barato al cine, lo hagamos y no nos conformemos con descargarnos las películas en casa.

Anuncios

Entry filed under: Infraeconomía siglo XXI, Un poco de cultura. Tags: , , , .

Las (mis) diez novelas históricas para devorar Cuando la Fiesta del Cine se acabó en Vallecas

1 comentario Add your own

  • 1. Marta  |  24/10/2013 en 12:05

    También me parece a mí que cualquier oferta lanzada así, por internet y con tanto bombo, realza el consumo al límite por el fenómeno de la novedad. Sino, me da miedo pensar en la exagerada respuesta que hace que valoremos a 2 euros horas enteras de nuestras vidas de pie para acabar viendo un bodrio y gastarnos la diferencia en palomitas..

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


Follow Reflexiones en lontananza on WordPress.com

Actualizaciones de Twitter

Categorías

Archivo

Entradas recientes


A %d blogueros les gusta esto: