5 razones para votar en las Europeas (y huir del bipartidismo)

23/05/2014 at 23:18 Deja un comentario


España, ese país que estuvo 40 años sin poder votar por cortesía de Franco y sus huestes de miserables, vio como en 1977 sus ciudadanos pudieron saborear el aroma de la libertad depositando su voto en una urna para elegir a sus representantes políticos. Pomposamente se le ha llamado la fiesta de la democracia, tal vez por las tinieblas que envolvían nuestro pasado reciente, tal vez por la confianza que daban aquellos jovenzuelos muchos de los cuales habían luchado en primera línea de fuego contra el régimen, y seguro por la ilusión por un nuevo país más justo y próspero que embargaba a casi todos. Pero con el paso del tiempo ha involucionado hacia la fiesta de la resignación en paralelo con la desafección hacia la actual clase política, embarrada por la corrupción, manejada como títeres por el poder económico y poco amiga de acercarse al pueblo a no ser que estemos en campaña electoral. En pleno proceso de lapidación del estado de bienestar llegan ahora unas elecciones que nos suenan a chino más que a europeo. Y, sin embargo, el 25 de mayo, nos jugamos mucho.

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Según un estudio del Real Instituto Elcano, al 43% de los españoles no les parecen importantes las Europeas del 25 de mayo. Muchos se abstendrán porque pensarán que, en un domingo en plena resaca del Real Madrid – Atlético de la final de la Champions, hay al menos mil cosas mejores que hacer que votar a un partido político que es igual de corrupto que el resto. Se equivocan. No parece demasiado relevante cómo se configure el Parlamento Europeo, que es lo que se vota, porque al fin y al cabo su función queda ensombrecida por la acción del Consejo Europeo, o sea los presidentes de Gobierno de los estados-miembro, o sea, lo que digan Alemania y Angela Merkel. La trascendencia de estas elecciones es pronunciarnos sobre si estamos dispuestos a seguir dando patente de corso a PP y PSOE, los partidos mayoritarios que se han repartido el pastel con cargos excelentemente remunerados y financiaciones irregulares y que se retroalimentan de forma infinita como si de contertulios de Sálvame se tratasen. O bien confiar en los pequeños partidos compuestos por savia nueva que sean capaces de al menor actuar como contrapeso de los viejos elefantes.

No te abstengas y acude a votar por un partido minoritario, recuerda que el voto el blanco beneficia a los partidos mayoritarios. Si tienes dudas, aquí te dejo algunas pistas:

  1. Las elecciones más justas: Al haber una circunscripción única, todo el país, tenemos la garantía de que todos los votos valen exactamente lo mismo. En las elecciones al parlamento español existen las circunscripciones provinciales que tanto benefician a los partidos mayoritarios y nacionalistas y perjudican a los minoritarios que tienen sus votos repartidos. Por ejemplo, en las de 2011 cada escaño de UPyD costó 227.538 votos por 152.487 a IU, mientras que en el polo opuesto, al PSOE le costó 63.248 votos o al PP 58.073. Por supuesto, los grandes no quieren ni oír hablar de la reforma del sistema electoral.

  2. Desmovilización del electorado: Sabedores de la desastrosa imagen que tienen los ciudadanos de ellos y del riesgo que puede suponer la indignación que se respira por las calles del país, PPSOE proyectaron una campaña electoral en clave de desmovilización general, sin ruedas de prensa, sin apenas entrevistas. El plan: que la abstención engulla las aspiraciones de los partidos minoritarios y que sus millones de ‘hooligans’ blinden aún más si cabe el sistema bipartidista. La Junta Electoral echó un guante: prohibió a la Unión Europea que instara a los españoles a votar, siendo el único país donde ocurre ésto por una supuesta protección de la abstención como “opción política”. O sea, no podemos ver después del Telediario un anuncio en el que nos animen a votar pero sí podemos ver a una mujer en bicicleta pidiendo el voto para el PSOE. 

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  3. Perpetuación del bipartidismo. A Mariano Rajoy se le escapó en una de las escasas entrevistas que ha concedido: “(PP y PSOE) al final somos lo mismo”, en relación al gobierno de coalición de Merkel con los socialdemócratas en Alemania. Poco después Felipe González no tuvo reparos en afirmar que respaldaría una coalición entre populares y socialistas “si el país lo necesitara (sic)”. Y, bueno, luego están algunos tuits ilustres…1

        4. Campaña con minúsculas: En lugar de espolear un debate sobre el presente y futuro de Europa, que es lo que se dilucida, unos y otros se han tirado los trastos a la cabeza en una competición para ver quién era el más ridículo: Elena Valenciano sacando partido del sonoro patinazo de Arias Cañete acerca de la superioridad intelectual del hombre sobre la mujer y éste repartiendo manuales de cómo superar las herencias recibidas. Y siempre implorando por el “voto útil”, unos arrogándose el papel de dique de contención de la “derecha más rancia”; otros, como los salvadores de la patria y garantía de la unidad constitucional del estado español. Cuando en realidad ambas formaciones han sido las culpables a partes iguales de la calamitosa situación económica española, inflando la burbuja inmobiliaria hasta que nos estalló en las narices, inclinándonos ante los poderes económicos (banca, inversores y Troika) o pactando reformas de la Constitución para limitar la deuda pública.

  1. Chorreo de dinero: En pleno siglo XXI, en la era de Internet, los partidos políticos siguen despilfarrando en medios de propaganda propios de del XX: carteles a todo color colgados de las farolas en las principales ciudades, envío por correo postal de la lista del partido con el sobrecito para que lo metas dentro, mítines masivos con militantes llevados en autobús… Y todo esto tiene un coste, claro, a costa del contribuyente. En un país en el que el 21,6% de su población vive bajo el umbral de la pobreza, suena a provocación que se dediquen 29,34 millones de € en subvenciones a los partidos políticos sólo para financiar esta campaña. Pero no a todos, sólo a los que obtuvieran representación parlamentaria en las anteriores: 32.500 € por escaño más 1,08 € por voto. Mientras tanto, otras representaciones menores han tenido que sobrevivir de prácticas como el crowdfunding, colecta por la red que por cierto va a ser limitada por el Gobierno.

Desde luego hay más razones para no depositar nuestra confianza en esta gente: la corrupción común que les pringa (véase Gurtel, EREs de Andalucía) y que les obligó a pactar no hablar de ella en el único debate televisado entre Cañete y Valenciano; el hecho de que siempre veamos a los mismos rostros encabezando las listas, en una suerte de intercambio de cromos que permite a unos pocos estar forrándose a costa del contribuyente y que dice muy poco del saneamiento democrátrico interno de estos partidos; o que los grandes medios de comunicación hayan forzado las máquinas para acallar cualquier intentona de los pequeños de hacerse con un hueco electoral, como vemos en esta portada de ese periódico que en su día fue de izquierdas…

 

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Entonces, ¿te hace un voto para los partidos minoritarios?

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