Salvados de Mercadona

07/12/2016 at 18:47 Deja un comentario


Quien se haya dado alguna vuelta por mi blog habrá descubierto que no soy precisamente un fan de la marca presidida por Juan Roig. Hace casi cinco años escribí esta entrada con el esclarecedor título de “perdónenme: odio a Mercadona”. Ha transcurrido mucho tiempo desde entonces y mis sentimientos por esta cadena de supermercados no ha cambiado ni un ápice. Sigo odiando a Mercadona a pesar de los simpáticos trabajadores con traje de rayas y placa de identificación, del exquisito orden en todos los estantes que te facilitan la vida con la única opción de Hacendado, de la calidad de unos embutidos ideales para dárselos a mi perro y de una fruta con una presentación preciosa que nos enseña el juego de dónde está el sabor ¿El motivo? Aguantar a relaciones públicas por doquier haciendo publicidad gratuita al imperio forjado por el segundo millonario español. Toda una sectadona con detalles que hacendaño.

El domingo 27 de noviembre Jordi Évole hizo valer su antiguo apelativo de ‘Follonero’ y se metió en un jardín de considerables proporciones. Un jardín desconocido para casi todos los grandes grupos de comunicación por el peso de los poderes fácticos pero que el periodista catalán adora recorrer no tanto para erigirse en el portavoz de los débiles, sino para obtener reconocimiento público y mucha, mucha audiencia, que al final para eso le pagan. Casi tres millones de personas y un 18% de cuota de pantalla siguieron el programa llamado “Efecto Mercadona” en el que se mostraba la supuesta otra cara de la empresa valenciana, la menos amable, que resultara o no amplificada seguro abrió los ojos a muchos militantes que pensaban que cada sábado de compra era lo más parecido a recorrer el camino de adoquines amarillos de Oz. Medios digitales independientes de izquierda ya habían elaborado reportajes críticos con la marca -por ejemplo La Marea– pero ha sido con Salvados cuando la resonancia mediática se ha disparado.

Jordi Evole con trabajadores de Mercadona

Jordi Evole con trabajadores de Mercadona

El programa fue sumamente tramposo, como lo son casi todos los Salvados que tienen un cariz político o económico donde entra en juego el establishment. Évole saca petróleo del recurso de la edición para crear un guion orientado a su causa, que sea respaldado por todos los actores intervinientes por acción u omisión. Célebres son los aprietos a los que el presentador pone a los interlocutores con la ayuda de la hemeroteca integrada en su tableta. Hechos muchas veces irrefutables que obligan a los intervinientes a guardar un eterno silencio dubitativo. Respuestas cortadas allá donde desde la dirección del programa se considera que puede casar más con las conclusiones esperadas. Una falsa imparcialidad al colocar sobre la mesa ambas versiones, pero con una de ellas coja por la fuerza de los hechos o por la debilidad de los actores que la avalan. Las personas físicas, empresas o asociaciones en el punto de mira no tienen más remedio que aceptar su indeseado papel de protagonista para, por lo menos, facilitar su visión porque el programa se realizaría de todas maneras y sin aparecer su aterciopelada versión.

Salvados, el virtuosismo de la edición

Pese a todos sus defectos, Salvados es un programa necesario. Sacude la conciencia de la gente divulgando grandes problemas de nuestro mundo que tendemos a olvidar en esta realidad de sobresaturación informativa en la que apenas pasamos del titular. Un programa con excelente factura técnica, de guión sencillo pero a la par imaginativo, perfectamente presentado y con elevadas dosis de acidez en la noche del domingo, momento de resaca del ocioso fin de semana e ideal para devorar televisión, se convierten en un excelente caldo de cultivo para acumular buenos resultados de audiencia y acumular con éxito 12 años en antena, un hito al alcance de muy pocos. Ningún tema parece resistírsele al excolaborador de Andreu Buenafuente, por tabú que sea. Mercadona no parecía un objetivo sencillo, por la extrema opacidad de su cúpula directiva -como demuestra que Juan Roig jamás concede entrevistas a medios de comunicación- y el buenismo general que la rodea. Pero lo consiguió.

¿Tiene límites Salvados? Évole ha declarado en diversas ocasiones que su empresa no ha puesto jamás traba alguna a su desempeño. Algo difícil de creer conociendo el funcionamiento de los grandes grupos de comunicación que en su búsqueda por el máximo beneficio, se cuidan mucho de no irritar a los grandes inversores publicitarios que les permiten sanear las cuentas. Muchos se cuestionaban por qué se atrevía con una empresa que no invierte un céntimo en publicidad televisiva en lugar de, por ejemplo, arreciar su ira contra El Corte Inglés cuyo lado más oscuro y cuestionado es muy comentado pero que dedica 80 millones de euros anuales a fortalecer su marca a través de los mass media. Casualidad o no, es justo reconocer que Évole ha incluido entre sus damnificados a las compañías eléctricas, a las grandes del textil -incidiendo en Inditex que por otra parte y al igual que Mercadona, no invierte en publicidad- o a la mismísima Telefónica. Es evidente que tiene sus límites pero también lo es que nadie se ha atrevido a llegar a donde ha llegado él, siempre con el beneplácito primero de Jaume Roures y después de Atresmedia, bien conocedores que en ocasiones es más importante la influencia y el poder que el dinero.

Cara y cruz de Mercadona

#FenómenoMercadona sirvió para ratificar las notables condiciones económicas de los trabajadores en comparación con homólogas del sector (1.109 € netos al mes, con subidas anuales del 11%), los contratos indefinidos desde el primer día, la flexibilidad horaria y el buen rollo laboral que existe en las tiendas como afirmaban cuales robots todos y cada uno de los empleados retratados por Évole. También para mostrarnos a clientes zombis para los cuales es más emocionante estar comprando pollo envenenado que en casa con su esposa. Pero también para encontrar a trabajadores perseguidos por afiliarse a sindicatos no amarillos (UGT o CCOO) o por haber estado de baja por enfermedad, empleados que tienen que empollarse un señor manual con directrices más propias de sectas, incluyendo sanciones por hablar mal de la empresa incluso en ámbitos privados, o proveedores exclusivos en delicada situación por las presiones a la baja de su único y poderoso cliente.

Trabajadora de Mercadona escayolada

Trabajadora de Mercadona escayolada

El sector de la distribución alimentaria está sujeto a una competencia feroz en virtud de la cual se prioriza la optimización del beneficio dentro de ajustados márgenes. Mercadona no debe ser mejor ni peor que Carrefour, Alcampo, Lidl, Ahorra Más u otras grandes enseñas. Que una empresa siendo española genere 74.000 empleos está muy bien pero sólo eso no la convierte en una heroína en este país campeón en paro; esa tasa de crecimiento, fruto de un modelo de desarrollo económico que se ha convertido en todo un ejemplo, debe ir acompañado por unos protocolos de gestión más transparentes y orientados a la sostenibilidad de todos los agentes, incluyendo trabajadores y proveedores dentro del margen de beneficio razonable.

Puedes ver el programa en la web de La Sexta pinchando aquí.

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