Escapada fin de semana en Lisboa (III): Belém y Cacilhas


Parte 1: Lo imprescindible del centro y Barrio Alto

Parte 2: Graça, Alfama, Sè y Praça do Comercio

Para nuestro último día reservamos las visitas más tradicionales pero necesarias de Lisboa, como son la Torre de Belém o el Monasterio de los Jerónimos, pero con un extra mucho más desconocido para el turista medio: cruzar el Tajo en un barco de línea hasta Cacilhas y poder sentarnos a contemplar la panorámica de la capital.

Vistas de Lisboa desde Cacilhas, en la otra orilla del Tajo
Vistas de Lisboa desde Cacilhas, en la otra orilla del Tajo

Domingo: Belém, Los Jerónimos y Cacilhas

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Según desayunamos y antes de coger el autobús hasta Belem, sería recomendable disfrutar del Elevador da Bica, que aunque corto, destaca por ser probablemente el más pintoresco de la ciudad. El vehículo, adornado con muestras pictóricas de arte callejero, discurre por una angosta calle escoltada por viejas casas repletas de macetas y colorido, con mínimas aceras en las que, en algunos tramos, apenas cabe una persona.

Precioso elevador en la rúa da Bica, de las más bonitas y pintorescas de Lisboa
Precioso elevador en la rúa da Bica, de las más bonitas y pintorescas de Lisboa

 

A unos pocos cientos de metros del elevador llegamos hasta Cais do Sodré, donde cogeremos el tranvía número 15 -moderno y por lo tanto nada pintoresco- o un autobús de línea hasta Belém, siendo este último más rápido -en torno a un viaje 10 minutos- y generalmente con menos masificaciones. Nos bajaremos en el entorno de la Torre de Belém, cuya ubicación en la desembocadura del Tajo la convierte en un lugar mágico para pasear y tomarse su tiempo para apreciarla desde diferentes perspectivas. Se puede realizar una corta visita a esta torre defensiva construida en 1515, pero sus vistas no pueden competir con las que dispondremos en la siguiente etapa.

Torre de Belém, el gran símbolo de Lisboa
Torre de Belém, el gran símbolo de Lisboa

A poco más de un kilómetro de paseo, que si somos osados podemos completar subidos en un segway de alquiler, se encuentra el Monumento a los Descubrimientos, monumento de 56 metros de altura erigido en 1960 para conmemorar el quinientos aniversario de la muerte de Henrique el Navegante, descubridor de Madeira y Las Azores. Su fachada representa a las diversas figuras de la era de los descubrimientos y a su pie se puede encontrar un gran mapa describiendo las diversas rutas trazadas. Desde lo alto se contemplan unas estupendas vistas del barrio de Belém.

Monasterio de los Jerónimos
Monasterio de los Jerónimos, la visita imperdible de Lisboa

El triángulo de oro se completa con la impresionante estampa del Monasterio de los Jerónimos, un brillante ejemplo del famoso estilo “manuelino” o corte gótico portugués que se fue construyendo a lo largo de todo el siglo XVI. La ubicación del monasterio fue elegida por ser donde se encontraba la Ermida do Restelo, iglesia donde Vasco de Gama y su tripulación pasaron un tiempo rezando antes de iniciar su viaje. La iglesia, el claustro y las tumbas de históricos personajes merecen una visita siempre que dispongamos de tiempo para ello, teniendo en cuenta las habituales largas colas que se producen. Los domingos por la mañana la visita es gratuita pero la penitencia es la obligación de darte el madrugón de tu vida.

Junto al monasterio se encuentra la célebre Pastéis de Belém, fundada en 1837, donde se pueden degustar los exquisitos pasteles de nata con una receta al alcance de muy pocos maestros. En casi cualquier comercio de Lisboa venden supuestos pasteles de Belém que, aunque igualmente ricos, no saben exactamente igual que los originales. Con una bolsita repleta de estos manjares regresamos a Cais do Sodré para tomar el ferry que nos lleva a la otra orilla del Tajo. El deplorable estado de este barco de línea no es óbice para disfrutar de un trayecto de unos 15 minutos allá donde el río se junta con el mar, viendo de cerca el célebre puente 25 de Abril y divisando la figura del Cristo Redentor, mientras el olor urbano se va sustituyendo por la brisa del océano.

Muelle abandonado en Cacilhas
Muelle abandonado en Cacilhas

Cacilhas tiene poco que ver, si acaso una fragata del siglo XIX amarrada en el puerto. La industria abandonada a pie de río compone un ambiente desolador sólo alterado por los pescadores que se apostan y, desde luego, por las vistas de Lisboa. Allí, sentados en un banco junto al embarcadero mientras picoteamos las uvas compradas a algún vendedor ambulante, cerraremos de la forma más idílica posible la escapada a una ciudad difícil de olvidar.

Parte 1: Lo imprescindible del centro y Barrio Alto

Parte 2: Graça, Alfama, Sè y Praça do Comercio

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