Posts filed under ‘Vacaciones huyendo del infierno’

Menorca: una semana de cala en cala con niños

No hace falta irse al Caribe para bañarse en cristalinas aguas, ni recurrir al sol de medianoche del Círculo Polar Ártico con el fin de presenciar impresionantes atardeceres, desplazarse a Islandia para descubrir paisajes que quitan el hipo o volar hasta Stonehenge para unirnos con nuestros antepasados prehistóricos. Todo esto y mucho más lo tenemos allá donde España se pierde hacia el Este, en mitad del Mediterráneo, en una isla llamada Menorca cuya belleza natural y la óptima conservación de su patrimonio la permiten estar catalogada como Reserva de la Biosfera por parte de la UNESCO desde 1993

La más septentrional de las Islas Baleares es aún un remanso de paz, incluso en los agitados meses veraniegos en comparación con las vecinas Ibiza y Mallorca. Aunque junio y septiembre son los meses más recomendables para visitarla, cuando el clima suele ser benigno, las multitudes brillan por su ausencia y los precios de los alojamientos son económicos, en julio y agosto tampoco se percibe la asociación de agobio salvo puntos muy concretos y los atascos son una rareza.

Cala Pregonda, Menorca, Baleares

Cala Pregonda, belleza al norte de Menorca

Sea cuando sea, una semana es tiempo suficiente para conocer la esencia de una isla cuyos 700 kms cuadrados engañan. Y es que, merced a las buenas carreteras que vertebran la isla, en un máximo de hora y media te la recorres de punta a punta de tal modo que puedes alojarte en un único establecimiento hotelero que sirva de base de operaciones.

Menorca es, además, un destino ideal para disfrutar de unas vacaciones con niños. Las cálidas aguas del Mediterráneo, las numerosas atracciones dirigidas a ellos -parques acuáticos, numerosos restaurantes y centros comerciales con estancias de juego como castillos hinchables, camas elásticas e incluso karts- y la tranquilidad general que se respira, muy alejada de la desenfrenada fiesta ibicenca, son todo un aval para la tan necesaria desconexión estival.

Es Mercadal

Casitas blancas en Es Mercadal, en el centro de Menorca

En este post facilito una guía para conocer los lugares esenciales de la isla a lo largo de siete días sin pasarse el día en la carretera, a ritmo de niño. Disfrutando del mar, de las vistas y de un puñado de pueblos típicos. Sin agobiarse por no saborear cada una de sus 50 playas porque es imposible y hasta absurdo.

Queda claro que el tesoro de la isla ‘minorica’ son las calas, algunas enclavadas en urbanizaciones pero no por ello feas en absoluto, y otras muchas vírgenes de complicado acceso y de gran belleza natural. Las del norte son agrestes por la erosión ocasionada por la Tramuntana, implacable desde tiempos inmemoriales; las del sur, con más vegetación y rocas más claras.

Es fundamental antes de partir cada día de excursión conocer la previsión del viento, para evitar playas repletas de algas y con decenas de medusas rondando la orilla. Si hay viento norte, mejor protegerse en el sur; si sopla el Migjorn, nos vamos con el petate al norte.

Ciudadela, Menorca, Baleares

Puerto de Ciudadela, un pueblo ideal para pasear

Por descontado queda que, como en cualquier isla que se precie, es imprescindible alquilar un coche dado que el transporte público tiene alcance limitado. Y en la medida de lo posible hacer la compra en los grandes supermercados de los grandes núcleos urbanos, porque en las tiendas de alimentación de las zonas turísticas hacen su agosto a la enésima potencia.

  • Día 1: Primer baño en el paraíso y cueva de fantasía

Comenzamos nuestra singladura vacacional por una bonita playa con una estructura de concha bastante habitual en la isla, con unos promontorios que la protegen del viento. Cala Porter está urbanizada y cuenta con todos los servicios -restaurantes, artículos de playa, etc-, además de un bonito mirador al que merece la pena escalar. Con todo, no es de las más espectaculares de la isla pero es una buena opción para abrir boca.

En las proximidades es de obligada visita la Cove d’en Xoroi, una amplia cueva restaurada como bar-discoteca salpicada de terrazas con magníficas vistas y muy divertida para los pequeños por sus interminables recovecos. El atardecer desde aquel paraje es impresionante, pero las multitudes en temporada alta pueden ser contraproducentes, por lo que se saboreará mejor por las mañanas. Eso sí, prepara la cartera porque no es precisamente barata.

Cuevas d'En Xeroi, en Cala Porter, Menorca

Cuevas d’En Xeroi

  • Día 2: El salvaje norte y Ciudadela

Hay calas imperdibles pero que por inaccesibles para los niños, muchos dejan de visitar. Si sois ágiles en la negociación con vuestra pareja podéis hacer una rápida excursión a Cala Pilar mientras dejáis al resto en el pueblo de Ferreries comprando típicas abarcas menorquinas.

Desde el aparcamiento hay unos 30 minutos de agradable ruta por bosque en su mayoría -tu única compañía probablemente sean las cabras montesas-, aunque al final se escarpa a medida que el paisaje se torna más pedregoso. Cala Pilar es una preciosa cala virgen que cumple con el patrón de las playas del norte de la isla, con un color dorado y rojizo, de aspecto volcánico pero con tierra en la orilla para darte una zabullida rodeado de peces.

Ya de vuelta y con la familia unida, nos dirigimos hacia la segunda población más grande de Menorca no sin parar poco antes en la Naveta des Tudons, una tumba colectiva de la prehistoria restaurada que queda a pie de carretera. Un paseo vespertino por el casco histórico de Ciudadela, descubriendo su catedral, el castillo de San Nicolás y sobre todo su animado puerto, se antojan necesarios para cualquier visitante.

 Cala Pilar, Ciudadela, Menorca

La preciosa playa salvaje de Cala Pilar

  • Día 3. Playas de postal: Macarella y Macarelleta

Estas dos calas del sur ejemplifican la típica imagen de postal de la isla: vírgenes, de pequeño tamaño, aguas cristalinas, arena blanca y fina, y rodeadas de naturaleza. Una estrecha carretera que sale desde Ciudadela nos lleva hasta Macarella, que tiene un aparcamiento de pago a sólo 5 minutos andando, un chiringuito en el cual refrigerarse y árboles que nos protegen del sol de justicia veraniego.

A diez minutos está Macarelleta, una muy reducida cala a la que habrá que llegar muy temprano para ocupar unos centímetros de arena. El camino es bastante complicado para los niños pero merece la pena, aunque sea por turnos, darse un paseo y divisar a vista de pájaro ambas calas con esa explosión de azul que emanan las aguas. No en vano, la revista Daily News Dig las ha incluido en el reportaje titulado, en inglés,; ‘Las 35 aguas más claras del mundo en la que uno debe nadar antes de morir”.

Playa de Macarella, Menorca, Baleares

Cala de Macarella, una de las más apreciadas de Menorca

  • Día 4. Barro en la playa en busca del mejor atardecer

Hacemos la primera incursión en familia por el norte para visitar una de las playas más cotizadas: Cavallería. Destaca no sólo por sus más de 500 metros de longitud –un amplio tamaño poco habitual en Menorca-, sino por su dorada y gruesa arena, el entorno abrupto, así como por el barro que emana de sus oscuras rocas que bien sirve para hacerse una limpieza de cutis o para que los niños se lo pasen pipa mientras, con un poco de suerte, ven tortugas nadando en la orilla.

Esta playa cuenta con un aparcamiento gratuito muy próximo y está a las puertas del Faro de Cavallería. A solo unos minutos en coche tendremos la ocasión de saborear un atardecer mágico, viendo junto al faro de 1857 y sobre unos acantilados los últimos rayos de sol reflejados en el mar. En temporada alta habrá que llegar con mucha antelación porque la admisión de vehículos es limitada.

Playa de Cavalleria, Menorca, Baleares

Playa de Cavalleria, ideal para embadurnarte en barro

  • Día 5: Buscando el aroma local

Si algún día el tiempo no acompaña, y aunque sí lo haga, es recomendable variar el plan porque Menorca es mucho más que calas. En una isla cada vez más repleta de urbanizaciones turísticas, se agradece descubrir algunos pueblos de toda la vida y poder hablar con sus simpáticas gentes, lejos de las hordas de turistas.

Mercadal nos sorprende con el blanco de sus casas, el viejo molino convertido en restaurante y la enorme tranquilidad que se respira, tanto que bastantes hogares dejan la puerta abierta de par en par ajenos al peligro. Desde el vecino Monte Toro tendremos una panorámica ideal de toda la isla desde su techo con 358 metros de altura y donde se encuentra el Santuario de la Virgen de Monte Toro, un símbolo espiritual entre los habitantes locales y donde venden souvenirs a muy buen precio.

Podemos acabar el día en Fornells, en la costa norte, escalando a la torre de defensa desde la cual tendremos una bonita vista del pueblo junto a la ría y cenando en el puerto el plato por antonomasia, caldereta de langosta.

Mirador de Toro, Mercadal, Menorca

Mirador de Toro, las mejores vistas de Menorca

  • Día 6: Barco hacia las calas más recónditas del sur

A estas alturas de las vacaciones ya tenemos una idea bien formada sobre las virtudes de esta isla balear. Pero tenemos una espinita clavada antes de marchar: visitar algunas de las calas más inexploradas del sur. Para evitar rutas interminables y que los niños te den el día, existe una alternativa óptima: tomar una lancha motora.

En Cala Galdana se puede coger un servicio de taxi por un precio que ronda los 22 € por adulto que te muestra las inaccesibles Trebaluger, Fustam y Escorxada y de paso se adentra en una cueva entre los precipicios que se repiten en esta parte de la costa. Todas estas calas tienen una luminosidad especial, dada por el contraste entre el verde de los bosques, la blanca arena y el turquesa de las aguas. La escasa afluencia de bañistas en comparación con el resto de playas y la belleza del entorno aseguran un día inolvidable.

Cala Excorxada, Menorca

Cala Excorxada, cala salvaje de difícil acceso

  • Día 7: Última parada, Mahón

Para el amanecer del último día dejamos el segundo bonus del viaje, una visita relámpago en solitario de la otra cala perdida del norte de referencia: Cala Pregonda. Situada a 30 minutos a pie del aparcamiento, es un auténtico tesoro situado bajo una loma y unos acantilados, con unos islotes que la resguardan de los vientos y la confieren un toque mágico.

Posteriormente, nos dirigimos todos hacia Mahón no sin hacer una rápida parada en el faro de Favaritx en un entorno auténticamente lunar, muy distinto al visto en el resto de la isla, dominado por la pizarra negra. Acabamos estos días de fantasía en la capital conociendo el segundo puerto natural más grande del mundo, tras el de Pearl Harbor, a bordo de uno de sus muchos barcos.

Faro de Favaritx, Mahón, Menorca

Faro de Favaritx en medio de un paisaje lunar

Veremos la Fortaleza de la Mora, una casa sumergida conocida como la ‘Pequeña Venecia’ o el bonito atracadero de Es Castell, además de un montón de peces si viajas en un barco con visión submarina para deleite de los menores -el truco es que el marinero los atrae arrojándolos migas de pan-. Un paseo nocturno por el casco histórico con la compra de las ensaimadas de rigor y del exquisito queso de Maó pondrán el punto final a unas vacaciones perfectas.

Mahón,capital de Menorca

Vista de Mahón desde el mar

Reportaje también publicado en Homeaway

29/06/2015 at 12:17 Deja un comentario

Cinco días en Lanzarote entre playas y volcanes

Con sus casi 800 kms cuadrados y 300 picos volcánicos, Lanzarote es un paraíso para los sentidos. El paisaje lunar que la envuelve con interminables mares de lava petrificada es sólo la seña de identidad de una isla con infinitos matices. Sus playas salvajes y ventosas (como Papagayo o Famara) se intercalan con agradables pueblos marineros de luminoso blanco tales como Teguise y Yaiza, dejando por el camino terrenos inhóspitos salpicados de cráteres, cuevas volcánicas, pequeñas granjas, cactus, algunos que otros camellos y la mano del artista César Manrique, moldeador de algunas de las joyas ‘conejeras’.

La accesibilidad de la mayoría de los rincones y las reducidas dimensiones de la isla permiten conocer las grandes atracciones turísticas en poco menos de una semana, siempre que tengamos a nuestra disposición un coche de alquiler. Del 10 al 1, os dejo algunos de los lugares imperdibles de la “isla de los volcanes”. ¡Que los disfrutéis!.

  • 10. Arrieta y Punta Mujeres. La costa noreste de la isla está salpicada de pequeñas villas de pescadores que apenas alcanzan los mil habitantes y que merecen ser visitados. Todos ellos con sus peculiaridades pero con el patrón común de sus casas blancas al filo de las rocas color petróleo sobre las que azotan las olas cuando la marea está más alta, las barcas diseminadas sin orden ni concierto a la espera de que el viento no se cobre un festín con ellas, y los restaurantes que nos permiten degustar los exquisitos pescados frescos locales como la Cherna o la Vieja. Partiendo desde la pintoresca casa bicolor frente al mar de Arrieta podemos dar un agradable garbeo por un paseo marítimo que le comunica con la vecina población de Punta Mujeres, mientras vemos a un lado la violencia de las aguas del Atlántico y al otro el blanco de las viviendas fundiéndose con el negro en lontananza.

    Casa de pescadores en Arrieta, Lanzarote

    Casa de pescadores en Arrieta, Lanzarote

  • 9. La Geria. Este valle de 52 kms cuadrados situado en la zona central presenta uno de los paisajes más desgarradores de Lanzarote. El recorrido en coche por la LZ-30 que comunica Yaiza con Teguise se convierte en una sucesión de estampas espectaculares, comenzando por el mar de lava que atenaza a la carretera en las proximidades del Parque Nacional de Timanfaya y continuando por el aroma a color y vida que nos transmiten las vides incrustadas en la todavía negra tierra. Más de 10.000 agujeros protegidos por piedras para minimizar el impacto del viento, y cubiertos con ceniza volcánica que absorbe el rocío de la noche y mantiene la humedad necesaria en una isla en la que llueve de media apenas 16 días al año, aportan un tono verde de fertilidad a nuestra mirada entre volcán y volcán mientras dejamos de lado a numerosas bodegas en las que se puede probar el dulce y aromático Malvasía.

    Paisaje vitivinícola típico de La Geria

    Paisaje típico de La Geria

  • 8. Mirador del Río. A medida que abandonamos la extrema aridez en ruta desde el sur hacia el norte vamos observando un abanico de colores que cautiva a la vista. El intenso tono azabache por la lava solidificada se va intercalando con un granate por el proceso oxidativo de las rocas, adquiriendo los matices verdes de La Geria hasta la aparición en progresión de pequeños arbustos en perfecta formación y en sincronía con el liquen de las rocas y el intenso rojo proporcionado por la flora local. La serpenteante carretera que atraviesa el Valle de las Mil Palmeras donde se asienta el pueblo de Haría, célebre por acaparar gran parte de los árboles de este desértico territorio, servirá de preludio para alcanzar la sensacional vista de pájaro de La Graciosa. Por 4,5 € podemos acceder al Mirador del Río, diseñado por el célebre artista conejero César Manrique en forma de cueva y con una gran terraza que literalmente cuelga de un precipicio. Tomarte una Dorada viendo el perfil cortado de la montaña y el blanco las tierras de La Graciosa, en contraste con el azul del cielo y el mar, no tienen precio. Pero si aun así quieres ahorrarte tu dinero, puedes contemplar similar escena en los alrededores del mirador.

    Vistas de la isla de La Graciosa desde El Miradore del Río

    Vistas de la isla de La Graciosa desde El Miradore del Río

  • 7. Cueva de Los Verdes y Jameos del Agua. El río de lava brotado por la erupción del Volcán de la Corona hace 5.000 años dejó en su sendero de destrucción hacia el mar un regalo maravilloso: casi 7 kms de un túnel subterráneo transitable parcialmente. Llamada Cueva de Los Verdes no por su color sino por el apellido de la familia de los que fueron propietarios durante siglos, refugio para la población local ante las embestidas de los piratas del norte de África, nos encontramos con toda una experiencia de luz y sonido en las mismas entrañas de la tierra. El recorrido de un km se compone de varios niveles verticales que, plagados de recovecos, nos presentan innumerables formaciones rocosas abrillantadas por la colorista luz y siempre con un microclima ideal gracias las corrientes de aire. El colofón del espectáculo de magia final -su secreto no debe desvelarse nunca- permite al visitante marcharse con un inmejorable sabor de boca camino de los Jameos del Agua, una gruta de 62 metros de largo por 19 de ancho y 21 de largo en la que hay un lago de agua salada que fluctúa con las mareas y donde podemos descubrir a los minúsculos cangrejos ciegos. Autóctonos de Lanzarote, albinos y sin vista porque durante su evolución jamás han requerido de la luz del sol, los Jameos son una oportunidad única para conocer a una especie animal única.

    Cueva de Los Verdes, Malpaís de la Corona

    La iluminada Cueva de Los Verdes

  • 6. Charco de San Ginés. Arrecife no dejaría de ser una capital como tantas otras, palpitante por el bullir de vecinos y turistas por sus calles comerciales, desordenada en su diseño urbanístico y con sus variopintos bloques de apartamentos, si no fuera por el charco de agua marina que se introduce en la ciudad y que confiere una estructura pintoresca al casco histórico. Es de obligado cumplimiento un relajante paseo por el paseo marítimo y tomar aire en alguna de las numerosas terrazas viendo tan estupenda panorámica, compuesta por un pelotón de decenas de pequeñas embarcaciones repartidas por la laguna y de fondo las casas de pescadores uniformemente levantadas, de pared blanca y detalles azules. La luminosidad de las aguas con el reflejo del cielo, los rayos de sol y la sombra de las casas es toda una experiencia para la vista.

    Charco de San Ginés, Arrecife

    Charco de San Ginés, entrada de agua del mar en Arrecife

  • 5. Caleta de Famara: Uno de los más bellos atardeceres que podemos presenciar en Lanzarote lo encontramos en el norte, en la línea de costa conformada por el pequeño pueblo de Famara, su salvaje playa de 3 kms y los acantilados de 400 metros de altitud formados en 1824 durante la última erupción volcánica. Las aguas a menudo turbulentas sólo aptas para los amantes del surf y el fuerte viento no suelen invitan a un baño tranquilo, pero en tal caso no sería una tarde perdida ni mucho menos; pasear por la orilla viendo como los últimos rayos de sol tiñen de naranja el escarpado macizo de Famara, transitar por las calles aún sin asfaltar mientras contamos las barcas aparcadas en las puertas de las casas como si de motos se tratara y cenar un pescado de la zona en alguno de los pequeños restaurantes a pie de mar, son alicientes a tener en cuenta.

    Playa de Famara, Lanzarote

    Playa de Famara

  • 4. Timanfaya: Una terrible erupción de 1730 enterró a nueve pueblos y durante seis años escupió lava hasta cambiar la fisonomía de una cuarta parte de la isla. Los interminables mares de lava solidificada, las siluetas abruptas de los volcanes cortados y la ausencia absoluta de vegetación de este territorio hostil se han convertido en el gran referente turístico de Lanzarote y, como tal, se hacen todos los esfuerzos posibles para salvaguardar a la gallina de los huevos de oro. Una vez se accede al Parque Nacional hay que aparcar el coche y tomar un autobús que con increíble pericia mueve a los visitantes por una estrecha carretera a pie de precipicio descubriendo la amalgama de colores y cráteres que salta a la vista. El espectáculo se completa con los géiseres y la combinación de furgo y humo que sale desde unos pocos metros más abajo y que demuestra que la actividad geológica en el corazón de esta tierra no concede una tregua.

    Las Montañas de Fuego, Timanfaya

    Parque Natural de Timanfaya


    Diablo de Timanfaya

    El diablo, símbolo de Timanfaya

  • 3. Playa del Papagayo: A sólo 10 minutos en coche de la megaturística Playa Blanca se encuentra el conjunto de calas del Área Protegida de Los Ajaches. Esta zona virgen de acceso de pago, carretera sin asfaltar y carente de servicios hoteleros presenta una belleza espectacular, conformada por las aguas verdosas en conjunción con la fina arena blanca de las playas. La más famosa por méritos propios es la del Papagayo, que con forma de concha está incrustada entre grandes formaciones rocosas resguardándola de los vientos habituales de la isla. Merece la pena darse una vuelta por los macizos desde los cuales se divisa la salvaje estructura de la cala y lo desértico e irregular del paisaje, antes de bajar a pie de playa y darse un buen baño en el que con suerte estaremos acompañados por peces.

    Espectacular playa del Papagayo

    Espectacular playa del Papagayo


    VIstas de la playa del Papagayo

    Vistas de la playa del Papagayo y el hóstil terreno que la rodea

  • 2. Los Hervideros: La estrecha carretera que vertebra el suroeste de Lanzarote nos reserva algunas de las más bellas estampas de las vacaciones. Una breve parada al atardecer frente a los 440.000 metros cuadrados de las Salinas de Janubio, activas desde el siglo XIX, sirve de anticipo a Los Hervideros. El rápido enfriamiento del magma tras la erupción volcánica dos siglos atrás y el violento golpeo de las olas han moldeado un accidentado perfil, repleto de cavidades por las que se cuelan las olas cuyo golpeo propicia que haya un burbujeo que emana hasta la superficie. Un camino perfectamente acotado nos permite presenciar de forma segura este fenómeno mientras podemos deleitarnos con el impiedoso azote del mar sobre las caprichosas formas de lava petrificada.

    Los Hervideros en Yaiza

    Espectaculo natural en Los Hervideros, El Golfo

  • 1. El Charco de los Clicos: A escasa distancia en coche de Los Hervidores y justo en las estribaciones del pueblo marinero de El Golfo nos podemos deleitar con un espectáculo visual que difícilmente podremos presenciar en cualquier otro lugar del mundo. El Charco de los Clicos es una laguna de aguas verdes por la acción de unas algas que se alojan en sus dos metros de profundidad y que se asienta sobre un antiguo cráter. El abanico de colores que se vislumbra desde el mirador nos lleva del negro-ocre de la montaña anexa, al verde de la laguna, hasta el negro de la arena de la playa del Golfo y acabando con el azul del mar que parece deseoso de colaborar en tan impresionante escena. Todo ello en un golpe de vista. Recomendable un paseo hasta la playa por el camino de rojiza arcilla para descubrir cada ángulo de un paisaje irrepetible.

Laguna verde en El Golfo

Lago de los Clicos o Laguna verde, todo un efecto óptico

Pueblo de El Golfo, Lanzarote

Vista del pueblo de El Golfo desde la laguna verde

17/06/2015 at 21:43 Deja un comentario

Sicilia, el sabor de la historia

Sicilia es una isla señalada por el dedo sagrado de los dioses. Cástor y Pólux, Zeus, Baal, Dios Padre, y quién sabe cuántos más, han decidido dotarla de un embrujo especial que durante muchos siglos ha seducido a las grandes civilizaciones del Mediterráneo y que en pleno siglo XXI la convierte en uno de los principales destinos turísticos de Europa. Un baño en alguna de sus cristalinas playas, un paseo por sus empedrados pueblos medievales, una visita al atardecer de sus ruinas grecorromanas y una cena en una casa rural en las faldas del Etna, sin duda enamorarán al viajero y le convencerán de que alguna vez en la vida tendrá que repetir.

Sicilia engaña. Nos puede parecer la típica isla que podemos recorrer en cinco días pero, muy al contrario, necesitaremos al menos dos semanas para una visita más pormenorizada. No en vano es la cuarta isla más grande de Europa. Sus 25.000 kilómetros cuadrados -pocos menos que un país como Bélgica- y sus carreteras sinuosas, propias de una región montañosa, alargarán los desplazamientos pero a cambio podremos tomar fantásticas instantáneas, desde floridos campos flanqueados por templos griegos hasta azules bahías observadas desde recónditos pueblos en lo alto de las colinas. Caminando por esas tierras escarpadas y paseando por sus ciudades seremos testigos de la historia que domina una isla capaz de reunir grandes bellezas helénicas, vestigios cartagineses, villas barrocas, arte bizantino… Todo bien aderezado con el encanto de la población local, muy alejada del estereotipo mafioso que presentó con toda su crudeza la trilogía de El Padrino, y su exquisita gastronomía.

Templo de Segesta en Sicilia

En esta guía planteo una ruta tranquila de una semana, la estancia más habitual en la región por parte de turistas que normalmente tienen limitaciones económicas y escasa disponibilidad de días libres. Mejor en los meses de mayo, junio, septiembre y octubre, huyendo de los abrasadores y multitudinarios julio y agosto. Una ruta en coche intentando sobrevivir a la conducción infernal de los lugareños y que obviará muchas de las atracciones principales para profundizar en aquellas que nos permita hacernos una idea global de cómo es la isla,disfrutando algunos días de la playa, haciendo una selección de entre las muchísimas ruinas históricas diseminadas de este a oeste y quedándonos con unos poquitos pueblos de especial valor. Y si nos sabe a poco, pues a repetir cuanto antes.

Ya se sabe: “El mundo es un libro, y quienes no viajan, leen sólo una página.”

Días 1 y 2: El Noroeste

Sicilia dispone de dos aeropuertos junto a las principales ciudades: Palermo, al norte, y Catania, en la costa este. Lo óptimo es aterrizar en uno e irse desde el otro para ahorrarnos el viaje de vuelta, pero ésto encarecería los billetes de avión y el coche de alquiler (necesario en una región con un transporte público muy básico). Tomamos como base el aeródromo de la capital, llamado Falcone-Borsellino en homenaje a los dos jueces antimafia asesinados, y empezamos nuestra semana de vacaciones por el noroeste de la isla. Aprovechamos el primer día para visitar el precioso pueblo medieval de Erice, al cual se puede acceder en funicular desde Trapanni y que en una constante pendiente nos encandila con sus calles empedradas, el inhóspito castillo bordeando un barranco y las exquisitas Cassatas, unos postres de origen árabe que pueden adquirirse en cualquier pastelería.

Azules playas de San Vito lo Capo

El enorme calor que azota en estas latitudes invita a una incursión hacia las playas más septentrionales. San Vito Lo Capo es un pequeño pueblo bañado por una fantástica playa de aguas cálidas y azules, arena blanca y flanqueado por un peñón. Aunque demasiado turístico, el hecho de que gran parte del arenal sea gratuito (algo no muy habitual entre las extendidas playas de pago de la isla) y la posibilidad de desarrollar actividades acuáticas (como windsurf o vela), lo convierten en un destino ideal para rebajar los rigores del verano. Si no nos gustan las multitudes siempre podemos ir a alguna cala en la cercana Bahía de Margarita, menos preparada para el turismo pero con una belleza más salvaje.

Tras nuestro baño matutino y después de comer el típico couscous de pescado en cualquier restaurante del paseo marítimo, emprendemos el regreso hacia el interior cruzando la Riserva dello Zingaro, una reserva natural que se extiende hasta la costa y cuyas sinuosas carreteras son la pasarela a un abrupto paisaje de acantilados que nos dejarán boquiabiertos. Para la última hora de la tarde nos queda el plato fuerte: subir al templo y teatro griegos de Segesta, de los mejor conservados de la región. Al templo de estilo dórico puede subirse a pie y pasear por su contorno para observar su grandiosidad, pero merece la pena recorrer la carretera que asciende a la colina para ver desde la distancia el valle en el que se encuentra enclavado. Los más perezosos tienen a su disposición un microbús para acceder al teatro, situado en la cima de la colina y excavado en una gran roca. Las vistas al atardecer y la perfecta acústica pondrán el colofón a la jornada.

Bahía de Santa Margarita en el noroeste de Sicilia

Días 3, 4 y 5: El Este

Atravesamos el centro de la isla por la cómoda autovía para irnos directamente a Siracusa, parando únicamente en la localidad de Enna para descansar viendo las estupendas vistas desde lo alto de la montaña (aunque por lo demás parece una ciudad fantasma). Hemos descartado las turísticas ruinas de Selinunte y Agrigento, en el sur, por falta de tiempo desde luego y porque tendremos ocasión de ver otros monumentos. En Siracusa merece la pena visitar el teatro griego, mucho más grande q ue el presenciado en Segesta, y la Oreja de Dionisio, una cueva artificial de 23 metros de altura y 65 metros de profundidad con una acústica tran brutal que te permite escuchar lo que susurran entre sí varias personas a gran distancia.

De obligado cumplimiento es cruzar por un puente repleto de barquitas a la isla de Ortigia y perderse por sus caóticas calles hasta acceder a la preciosa plaza de la catedral. Según comemos un helado de los muchos puestos ambulantes apostados y rodeamos la zona, vemos numerosas casas en estado de abandono, lo cual le resta bastante encanto.

La famosa Oreja de Dionisio, en el centro arqueológico de Siracusa

Si diera tiempo, son recomendables los pueblos barrocos al sur de Siracusa, como Ragusa o Noto, encaramados en las laderas de sendas colinas luchando por no precipitarse. Sin embargo, y por dar a nuestro viaje una experiencia más en contacto con la naturaleza, podemos realizar una aproximación al Etna, un volcán en activo con más de 3000 metros de altura que es el símbolo y a la vez el gran temor de los sicilianos. Podemos disfrutar de los pueblos situados en su ladera y así ver más de cerca esa mole y su cumbre habitualmente nublada, e incluso aventurarnos a escalar hasta la cima, pero siempre con la compañía de un guía autorizado por el riesgo inherente a todo volcán que casi todos los años emite alguna erupción. Otra opción en verano es contratar una ruta en coches 4×4, y en invierno se puede hasta esquiar.

Toca descansar de nuestro día más salvaje y qué mejor que pasar una jornada entera en el coqueto pueblo medieval de Taormina. Muchos dicen que parece un decorado reconstruido, otros huyen de las hordas de turistas que invaden sus calles; ambas afirmaciones son ciertas, pero, a pesar de ello, es imposible no ceder ante los cantos de sirena que emite este enclave. Los palacios góticos, la torre del reloj, las panorámicas desde la plaza IX de Abril y el enorme teatro griego seducirían a cualquiera. Además, Taormina es una excepción en la normalmente tranquila isla de Sicilia: desprende ambiente por todos sus costados, con decenas de bares y restaurantes. Especialmente bonito es comer en la terraza del ‘Romeo y Julieta’, en una empinada callejuela, con su música en vivo y sus paredes pintadas de rojo amor. Un funicular nos permite bajar con unas vistas de primera a la playa de Isola Bella y darnos un baño tranquilo entre innumerables hoteles de gran lujo.

Teatro romano de Taormino preparado para una representación

Días 6 y 7: El Norte

De camino a Palermo por la costa norte hay una parada imprescindible (y sorprendente): Cefalú, el pueblo de la gran roca. Podemos visitar su catedral, darnos un baño termal en alguno de sus balnearios, cenar en uno de los restaurantes colgados del mar -como el Kentia al Trapittu, donde podemos probar la típica y muy condimentada pasta con sardinas- o subir al promontorio rocoso para tener una vista de pájaro de la localidad. Pero lo más importante es no perderse una puesta de sol desde la playa, con el astro rey cayendo por el horizonte mientras estrella sus últimos rayos en las casas de pescadores a pie del mar, con la roca sobrevolándolas. Y si es bañándote en sus aguas color turquesa, mejor que mejor.

Puesta de sol en la bella Cefalú, al norte de Sicilia

Con esa imagen tan evocadora de Cefalú, posiblemente la que más recordemos en nuestras vidas de esta maravillosa región italiana, marchamos a disfrutar de nuestro último día de vacaciones en la capital. La caótica y superconcurrida Palermo debiera requerir de más de una jornada, pero nos conformaremos con un circuito a bordo de los autobuses para turistas desde el cual podremos descubrir una pintoresca ciudad con fuertes influencias bizantinas plasmadas en los mármoles polícromos de los edificios, y árabes, con sus tradicionales cúpulas.

La Iglesia de San Juan de los Ermitaños con sus cinco cúpulas rojas y el Palacio Real sobresalen en una colorida capital marcada por el verde de sus jardines o el multicromado tono del mercado de la Vucciria. Acabaremos nuestra andadura siciliana en el cercano pueblo de Monreal que, situado en una colina, ofrece una magnífica vista de Palermo y de la cuenca de Oro. Allí podremos descubrir, con un vaso de zumo de naranja recién exprimido en mano por cortesía de los puestos de la plaza, el tesoro que encierra la catedral: unos impresionantes mosaicos dorados que no son sino uno de los mayores logros del arte normando en el mundo. Un final inmejorable para una semana inolvidable.

Artículo publicado en la web de HomeAway

02/02/2014 at 19:45 Deja un comentario

Diez historias de la España profunda

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, El Casar de Escalona, no ha mucho tiempo que vivían ciudadanos llamados Cuquillo, de los de boina en calva, antiguo bastón, rocín flaco y galgo corredor. Un pequeño pueblo toledano de poco más de 2.000 habitantes a tiro de piedra del río Alberche y situado a 92 kilómetros de Madrid del que este autor tiene inmejorables recuerdos de la tierna infancia. Ya en plena madurez intelectual, que en mi caso tampoco es mucho decir, he vuelto a pasear por aquellas añejas calles siendo abducido por un sentimiento difícil de describir. Una mezcla del cariño de sus maravillosos ciudadanos, paz y bienestar propias de esos campos fantásticos y esos tomates que saben a tomate, con algunos elementos algo más chirriantes que podríamos resumir con aquel dicho de la España profunda.

Aquí os dejo algunos retazos de esa España que todavía pervive entre nosotros. Aunque como veréis, no es coto privado de las zonas rurales…

Pintando la fachada de la casa

  • La historia del pintor kamikaze: Como vemos en la foto, el buen señor trepó unos cinco metros en una escalera que podía destruirse con la mirada. Sin arnés, sin andamios, sin siquiera un caso. Y con la base de la escalera invadiendo una de las carreteras principales de entrada al pueblo sin ningún tipo de señalización. No contento con ello y para dar más emoción a la cosa, como la escalera no era lo suficientemente alta como para llegar a la parte superior de la fachada, cogió una escalera pequeña y la ató con una cuerda a la larga. Vista la escena, no dudé en echarle un pequeño rapapolvo a nuestro superman particular y su balbuceante respuesta hablaba de “sí, ya se lo dije al jefe…”.
  • Muro en El Casar de Escalona

  • La gran muralla tolechina: El Casar de Escalona tiene su particular muro visible desde la luna: un mamotreto de unos 200 metros de longitud y más de dos metros de altura levantado por los herederos del ricachón del pueblo que hacía lo que le venía en gana durante el franquismo. Aquella familia levantó la muralla con el único objetivo de impedir que el ayuntamiento aprovechara un mínima parte del solar para ensanchar la carretera mientras se procedía a la pavimentación. El solar, abandonado desde que el mundo es mundo, está dominado por escombros, pinchos y ratas.
  • Recuerdos del Caudillo: Un exalcalde del Partido Popular decidió cambiar oficialmente el nombre de las numerosas calles dedicadas a los héroes del lado nacional de la Guerra Civil, con la plaza del Generalísimo como corazón del pueblo y siguiendo las directrices de la Ley de Memoria Histórica. Sin embargo, algún miembro del ayuntamiento debió sentir nostalgia y apostó por mantener algunas placas en su lugar e incluso reconstruir otras, en honor a héroes patrios como el General Mola. De reciente levantamiento es la cruz de los caídos, como homenaje a los fallecidos en la guerra de 1936. Todo un clásico.
  • Quemar el campo para que no se queme el campo: A mediados de agosto se celebran las fiestas patronales, como en la mitad de los pueblos de España. Uno de sus momentos cumbre es el lanzamiento de fuegos artificiales, que se produce en una colina a las afueras del núcleo urbano. Para evitar incendios indeseados, las cabezas pensantes de la corporación decidieron quemarlo previamente (de forma controlada, se supone). Aproximadamente una hectárea calcinada para deleite de los vecinos que se levantan con esa vista sinigual.
  • El cura y el alcalde, a hostias: Debe ser muy duro no erigirse en el protagonista cuando se ostenta el cargo de alcalde o párroco de un pueblo, sobre todo cuando durante siglos se han repartido todo el pastel. Pues bien, las personas que ocupan en la actualidad estos cargos se la tienen jurada, no sé si ante Dios o ante el diablo. Todo viene de la amistad que une al cura con la última candidata a la alcaldía por parte del PP y de la supuesta “campaña” que hizo a su favor entre los feligreses. Un partido independiente de Toledo ganó contra pronóstico las votaciones por un exiguo margen de 32 votos y el farmacéutico del pueblo tomó el bastón de mando. La turbia relación entre estas autoridades subió su graduación durante las fiestas de este año, para las que el alcalde prescindió en el programa del tradicional saluda del cura (¡poniendo en su lugar uno de María Dolores de Cospedal, que es de su principal partido opositor!). Como la Iglesia no anda mal de dinero, el señor párroco decidió imprimir un programa alternativo. Y a todo esto, cada uno puso una hora diferente para el oficio de la misa en honor a San Roque. El alcalde llegó premeditadamente tarde ante la indignación del personal.
  • El alcalde de El Casar de Escalona

  • God save the queen: La milenaria tradición española de la elección de la reina de las fiestas y sus damas de honor ha perdurado también en El Casar de Escalona. Durante una semana puedes ver a las muchachas emperifolladas con su trajes blancos, sus bandas y sus coronas. Bien es cierto que en los últimos años nos han ahorrado la bochornosa costumbre de ver a la reina bailar con un militar uniformado, pero a cambio nos han regalado la instantánea de alcalde, jefe de policía local y damas paseando como gallitos de corral y sin que nadie pudiera molestarlos.
  • La banda de música de El Casar de Escalona

  • Costumbrismo: No soy religioso pero respeto al máximo la procesión del santo en las fiestas de cada pueblo, pero… ¿es necesario que la banda local se pasee por las calles despertando al personal a primera hora de la mañana con su música infernal? ¿Qué toman esas bandas para no dejar de tocar durante toda la procesión? Tema religioso aparte, hay que agradecer que el pueblo se haya desvinculado de actividades putrefactas como las corridas de novillos en la plaza de toros portátil y el consiguiente encierro (no por gusto, hay que decirlo, sino atendiendo a criterios económicos), o el día de caza con galgos, y que en su lugar celebren carreras populares y se ofrezca limonada para todos. Por algo se empieza.
  • Iglesia de El Casar de Escalona

  • ¡Qué viva España! Las fiestas siempre sacan al español que tenemos dentro. O, en sentido contrario, reducen nuestro patriotismo a la nada. Porque eso de tirarte unos cuantos días viendo sin parar banderitas españolas sobre las carreteras, los banderones en los palcos y en la plaza del Ayuntamiento, como que cansa, ¿no?
  • Y si te da pereza, te tomas una cerveza: Si no atiendes a los oficios religiosos, si no te gusta el programa de actos, o si no te apetece darte un bañito en la piscina muncipal o la playa fluvial del Alberche (¡muy recomendables ambas!), tienes una alternativa: chatear en un bar. El núcleo urbano reúne la friolera de 10 bares para los 2175 habitantes censados en la localidad, 800 de ellos residentes en urbanizaciones de las afueras. Caso aparte son los tres puticlubs que están en el cruce de la carretera del pueblo con la autovía a la A5, aunque técnicamente pertenecen al municipio vecino de Otero.
  • El ladrillo aplasta al tomate: Cuando un urbanita se dirige a un pueblo tiende a pensar que se va a encontrar con centenares de cabezas de ganado, abuelitos sentados en la puerta de casa escudriñando a cualquier forastero y huertos por doquier. Lamentablemente, la ganadería y la agricultura han sido diezmadas por la pujanza del sector servicios y de la construcción. Solo el 4,5% de los trabajadores de El Casar se dedicaban en 2012 a la agricultura, por un 57% a la construcción y el 32% a los servicios. Con el boom del ladrillo se han levantado hasta 8 urbanizaciones, pero con muchas casas sin terminar y otras tantas sin vender. Un paraje desolador.
  • 31/08/2013 at 16:00 3 comentarios

Las 10 fotografías más impresionantes viajando por el mundo (I)

Crecí viendo las aventuras de Willy Fog, me eduqué girando miles de veces mi globo terráqueo y me gradué soñando con los innumerables tesoros que esconde nuestro planeta: las pirámides de Giza, las cataratas del Niágara, el cañón del Colorado, el Taj Mahal… Aquellos sueños son ahora una pasión. Por suerte he tenido la ocasión de visitar muchos destinos maravillosos que ahora quiero compartir con vosotros. Os presento, en orden inverso, las diez estampas correspondientes a otros tantos países que se me han quedado en la retina. Habrá muchas otras que merezcan estar incluidas en este decálogo, pero por desgracia están en la lista de pendientes de mi agenda. Si tenéis alguna sugerencia, estaré encantado de leerla en los comentarios.

  • 10. Mirador de Toompea (Tallín, Estonia)
    La capital medieval del Norte de Europa atrapa al viajero por la belleza de sus calles adoquinadas, las almenas que siluetean la ciudad vieja, la colorida plaza del Ayuntamiento y por una historia sacudida por el comunismo y los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Observar desde las alturas la ciudad vieja es el colofón ideal para una villa que merece ser descubierta paso a paso, rincón a rincón.

    Imagen desde las alturas de Tallín

  • Vista de Tallinn

  • 9. Canales de Burano (Venecia, Italia)
    En ningún listado turístico puede faltar la ciudad del amor. Pero más allá de los impresionantes canales que vertebran el caso histórico de Venecia, de la impresionante Plaza de San Marcos o del romanticismo que inspira un paseo en góndola, quiero referirme a una pequeña islita de pescadores alejada de las rutas turísticas habituales que está a 45 minutos en barco. Se trata de Burano, un enclave hipnotizador con pequeños canales pincelados con casas de colores a sus orillas.

    Puente en la encantadora Burano, en las cercanías de Venecia
    Canal en Burano, Venecia

  • 8. Sultanahmet (Estambul, Turquía)
    Estambul es posiblemente una de las capitales con mejor perfil del mundo. Subir a la Torre Galata y ver el atardecer sobre la ciudad de las mil mezquitas o dar un paseo en barco por el Bósforo son de obligado cumplimiento para cualquier viajero, pero la grandiosidad en mayúsculas queda reservada para la explanada de Sultanahmet, con Santa Sofía a un lado y la Mezquita Azul a otro. Una escapadita nocturna, sin apenas turistas y con los templos iluminados, será toda una experiencia.

    Vista de la Mezquita Azul desde la explanada de Sultanahmet
    Vista nocturna de Santa Sofía desde la explanada de Sultanahmet

  • 7. Kasbah de Aït Benhaddou (Aït Benhaddou, Marruecos)
  • Las Kasbah son ciudadelas construidas al tradicional estilo marroquí, con adobe (paja mezclada con arcilla). Parece que con solo mirarlas se van a derrumbar cual castillos de arena, pero ahí siguen desde tiempos inmemoriales. La fortaleza mimetizada con el ocre de la montaña, el riachuelo arcilloso que la rodea y el pequeño oasis de verdor que la precede en este enclave a las puertas del desierto del Sáhara, convierten a Aït Benhaddou en todo un descubrimiento al sur de Marruecos.

    Sensaciones de Marruecos

    Kasbah de Aït Benhaddou, cerca de Ouarzazate
    Kasbah de Marruecos

  • 6. Plönlein (Rothesburg, Alemania)
    La animada e histórica Berlín y la atractiva y cervecera Múnich acaparan gran parte del marketing turístico de Alemania. Pero este país esconde toda una joya: la llamada Ruta Romántica, que a lo largo de 350 kilómetros presenta pintorescos pueblecitos, castillos medievales y paisajes excepcionales. La villa más reconocida es Rothesburg, cuyas empedradas calles con floridas casas de colores merecen todas sin excepción, una fotografía. Plönlein es el ejemplo de que los cuentos de hadas siguen existiendo en pleno siglo XXI.

    Mi diario de viaje en Alemania

    Rotemburgo, la capital de la Ruta Romántica

Para leer la segunda parte (puestos del 1 al 5) pincha aquí

07/04/2012 at 16:26 4 comentarios

Las 10 fotografías más impresionantes viajando por el mundo (y II)

Terminamos este especial sobre las estampas internacionales más impresionantes con los cinco puestos de honor. ¿Naturaleza virgen? ¿Pueblos medievales? ¿Playas paradisíacas? ¿Castillos inexpugnables? Si todavía no has leído la primera parte, pincha aquí.

  • 5. Times Square (Nueva York, Estados Unidos)
    La Gran Manzana es sucia, incómoda, estresante y cara. Sin embargo, todo visitante cae en el embrujo de la ciudad de los rascacielos y siempre quiere volver para descubrir sus centenares de cinematográficos rincones. Un consejo: según llegamos al aeropuerto, lo mejor es tomar el tren y posteriormente el Metro para, sin haber tomado contacto aún con la estratosférica silueta neoyorquina, salir directamente a su centro neurálgico. Tener como primera imagen de la gran urbe a Times Square, con sus gigantescas construcciones, las impactantes luces de neón y el bullicio del tráfico y los acelerados peatones, sin duda nos fascinará para siempre. Y, si es de noche, todavía más.

    Las luces de Times Square, Nueva York

  • 4. La Gran Muralla China (Badaling, China)
    Pocas experiencias puede haber en el mundo más evocadoras que la soledad sobre la Gran Muralla China. Pensémoslo: estar sobre un corredor de más de 8.000 kms contruido entre los siglos V a.C. y XVI como parapeto defensivo contra las tribus nómadas que serpentea valles, ríos, montañas y desiertos. La sección de Badaling (en las cercanías de Pekín) no te garantiza esa soledad, porque es recurrida por miles de turistas cada día; pero si caminas sobre la muralla unos cuantos centenares de metros bastará para quedarte solo, viendo anonado tamaña construcción incrustada en un paisaje de impresión.

    La Gran Muralla China, sección Badaling
    La Gran Muralla China, sección de Badaling, en las cercanías de Pekín

  • 3. El Perito Moreno (Calafate, Argentina)
    El espectáculo de ver una imponente masa de hielo rodeada por montañas nevadas y bosques sólo es alterado por el estruendoso crapitar de los bloques desplomándose al lago. Visitar el Parque Nacional Los Glaciares regateando en barco a los icebergs, hacer un mini-trekking sobre la inmensidad blanquecina y enmudecer ante la auténtica maravilla que supone contemplar el Perito Moreno son hitos que debemos paladear al menos una vez en la vida.

    El espectacular glaciar Perito Moreno, en Argentina
    Y ahora un vídeo “prestado” de cómo se rompe el glaciar

  • 2. Abu Simbel (Egipto)
    Los amantes del arte y la historia tienen una parada obligada en el milenario Egipto. Según remontas el río Nilo vamos topando con un buen número de espectaculares construcciones que nos hacen pensar cómo demonios pudieron ser construidos por aquella civilización. Las pirámides de Giza y los templos de Luxor y Hatsepsut quitan el hipo, sí, pero nada si lo comparamos con la abrumadora percepción que nos aporta Abu Simbel: un complejo de dos templos excavados en la roca por el célebre faraón Ramsés II custodiadas por figuras de 20 metros de altura.

    Templo de Abu Simbel, en Egipto, erigido por el faraón Ramsés II
    Templo de Abu Simbel, erigido por el faraón Ramsés II

  • 1. La cascada Gullfoss (Cañón del Hvitá, Islandia)
    Hasta hace unos pocos años Islandia sólo era conocida por su actividad sísmica y porque su selección de fútbol era sistemáticamente goleada por el equipo español. Con motivo de la crisis económica mundial salió a la luz por ser el único país en enjuiciar a sus gobernantes y banqueros. Y ahora se está convirtiendo en una referencia turística por la naturaleza virgen en forma de caudalosas cataratadas, lagos con icebergs y paisajes de postal. Gullfoss es sólo un ejemplo: una cascada de 32 metros de caída (en dos tramos) que parece engullida por la mismísima tierra. Podríamos pasarnos horas contemplándola en perfecta comunión con el arco iris…

    Mi diario de viaje en Islandia

    Cascada Gullfoss, en el Triángulo de Oro, Islandia
    Ahora este vídeo “prestado” de Gullfoss

    Licencia Creative Commons
    Times Square por Francisco José Jiménez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución 3.0 Unported.

    07/04/2012 at 16:21 Deja un comentario

Alemania, fantasía entre castillos y casas de colores

Pueden pasar los años por la locomotora de la vieja Europa, pero Alemania es como el buen vino, aquel que con tanto esmero producen sus miles de viticultores. El esplendor de sus pueblos, el encanto de sus castillos y la sensación de armonía que desprende el valle del Rhin atrapan al visitante durante su incursión en este cuento de hadas del que conocemos el comienzo pero no el fin.

Rothenburg

Los días que pasemos por tierras germanas serán exiguos para ser testigos de todas sus bellezas y alumnos de su agitada historia; pero sentiremos en primera persona el orgullo de un país forjado a sí mismo que ha superado todos los obstáculos y que, en los albores del siglo XXI, se presenta guapo y elegante como pocos.

Cuando un extranjero aterriza en Berlín y escudriña esta colosal ciudad, difícilmente puede ser consciente de la fantasía medieval que domina el país de norte a sur, de este a oeste.

Puedes ver el reportaje completo y más fotos pinchando aquí

29/09/2010 at 10:03 1 comentario

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