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El timo de las grandes superficies, la estafa del capitalismo

Iba tan tranquilo en el tren de vuelta a casa, jugando al Apalabrados a la vez que ojeaba el periódico, cuando, entre titular y titular, entre corruptela política y nueva andanza de Paquirrín, detuve la mirada en una noticia que me llamó poderosamente la atención. La patronal de las grandes superficies, que engloba a 17 grandes compañías como El Corte Inglés, Ikea, Mediamarkt, Carrefour o Eroski, proponía de cara al nuevo convenio colectivo del sector una reducción general de salario base y la supresión del plus de festivo para los 230.000 trabajadores adheridos.

A medida que leía la noticia mi estupefacción se disparaba hacia el infinito. Esas mismas empresas que en plena crisis han multiplicado sus beneficios, o en el peor de los casos, aun reduciendo las ganancias respecto a los años anteriores han seguido obteniendo plusvalías millonarias, están empeñadas en precarizar las condiciones de trabajo de miles y miles de personas acogidas a un convenio colectivo de por sí bastante cruel, siempre con el beneplácito de la reforma laboral del Rajoy. Quién no conoce a un familiar o un amigo que haya trabajado en uno de estos centros con una experiencia personal no precisamente gratificante: turnos enloquecidos, plena disponibilidad y baja remuneración (que oscila entre los 13.368 € brutos por un ‘junior’ hasta los ridículos 16.359 € para un perfil técnico).

El horror de las grandes superficies

Pues bien, la patronal Anged está por la labor de eliminar una paga extra, los pluses por festivo y antigüedad, así como rebajar la mensualidad hasta un 5% a todos los trabajadores si el índice de ventas se reduce en idéntico porcentaje en comparación con las cifras de 2005, año tomado como referencia y que recordemos era previo a la recesión originada en 2008 tras la quiebra de Lehman Brothers en Estados Unidos. O sea, equiparamos datos de 2013, con un país que roza los seis millones de parados, con muchos trabajadores con sueldos congelados e incluso mutilados, y con un iva del 21% que no precisamente incentiva el consumo, con las estadísticas de un 2005 aún viviendo de las rentas del ‘boom’ inmobiliario.

La excusa esgrimida por la patronal es todo un clásico del siglo XXI: mejor reducir salarios que acometer despidos. Pero no cuela. Ya no es que Anged contemple la posibilidad de aplicar reducciones de jornada, sino que desea un aumento de la jornada laboral anual en 56 horas por trabajador. Como diría el querubín Gerardo Díaz-Ferrán, “trabajar más y ganar menos”. Es decir, trabajo hay, pero usando el argumentario capitalista más salvaje se intenta exprimir el limón en el eslabón más bajo para el beneficio de unos pocos. Sólo hay que ver algunos de los últimos balances económicos: El Corté Inglés obtuvo un beneficio de 210 millones de € en 2011, Mercadona ganó 474 millones, Día triplicó su beneficio hasta superar con creces los 100 millones, Ikea ganó un 10% más. Y así todo.

Y si ha bajado el consumo, ¿cómo pueden seguir ganando tanto? Básicamente, a costa del pequeño comercio. Los minoristas no tienen las gigantes posibilidades de financiación que los Carrefour o Alcampo de turno y sus modestos recursos no les permite abrir los siete días a la semana permitidos con la liberalización de los horarios comerciales decretados por regiones como Madrid. Tampoco recurren a contratas terceras de negrísimo pelaje. Las grandes enseñas disponen de mayor margen de aplazamiento de pago a proveedores, ingentes posibilidades de presión a los productores para que vendan a la baja y cobertura para sacar del mercado a toda mosquita que pueda amenazar sus ansias de poder. Por no hablar de las discutibles estrategias fiscales que emplean y que lesionan los intereses de la Hacienda española. Por ejemplo, los 366 millones que han sido reclamados a Carrefour.

El ciudadano de a pie también debería hacer una autorreflexión. La liberalización de los horarios comerciales nos puede parecer maravillosa porque nos permite pasar el domingo en Xanadú esquiando, comprando ropa en Zara y la comida semanal en Hipercor. Pero hay miles de trabajadores que fin de semana, sí, fin de semana también, ven destrozado cualquier atisbo de conciliación laboral y familiar para que, encima, les quiten el ínfimo plus. Trabajadores que antes libraban los domingos y ahora lo hacen los martes, o los lunes. Porque la previsión de la Comunidad de Madrid acerca de la creación de 22.500 empleos con la flexibilización comercial ha quedado en la nada, puesto que las grandes superficies han recurrido mayormente a mover los turnos ya existentes y blindar el fin de semana, en vez de contratar a gente de refuerzo.

Clientes en Carrefour

Así pues, estamos ante la Meca del capitalismo: empresas con un afán desmedido por los beneficios amparadas por nosotros, los borregos del siglo XXI, que dejamos en el olvido al pequeño comercio, el de toda la vida, para recluirnos el domingo enterito en centros comerciales clónicos. Y otro whopper, por favor.

Yo también odio a Mercadona

23/01/2013 at 18:06 Deja un comentario

Perdónenme: odio a Mercadona

En este mundo que nos ha tocado vivir existen unas pocas verdades absolutas: Guardiola es en realidad un robot de última generación construido para mostrar al mundo el significado de la palabra perfección -con un único desajuste capilar-, Elvis Presley sigue vivo en alguna isla del Pacífico bailando el hula-hop con un prominente tupé canoso y José María Aznar no salió de Valladolid sino de un lejano planeta dominado por los simios del que fue expulsado por defecto de tara. Otra certeza universal es que por mucho que estrujes la pasta de dientes, siempre quedará algo dentro, siempre. Pero por delante de todas estas aseveraciones, hay una de dimensiones inalcanzables: Mercadona te ama, Mercadona es buena, Mercadona es bonita, Mercadona es simpática, Mercadona trata bien a los empleados, Mercadona tiene la mejor relación calidad-precio, Mercadona vende un vino estupendo por 2 €, Mercadona tiene los mejores yogures, Mercadona se sale con sus bollos y Mercadona te facilita cremas a precios irrisorios. Los 10 mandamientos en versión Hacendado.

El "oficioso" logo de Marcadona

El "oficioso" logo de Marcadona


Me siento como Rick Grimmes en The Walking Dead. Hordas de zombies me persiguen al oler mi sangre impregnada por la cutrez de Día y los diálogos chonis de las cajeras de Hiper-Usera. Un día se me ocurrió hacer la compra en un mercado nuevo un poco alejado de mi casa y, al pasar por la puerta de Mercadona, que está a 50 metros de mi portal, el negrito me dijo: “¿Por qué no compras aquí?”. ¡AAAAGGGGGHHHHH! Era sólo el inicio de una conspiración en toda regla, supervisada por el CSID y dirigida por Mortadelo y Filemón. Al día siguiente fui a casa de unos amigos y llegaron tarde porque estaban haciendo la compra en Mercadona; al otro un compañero de trabajo me dijo que hacía la compra online en Mercadona y, por último, mantuve una conversación telefónica maravillosa con otro colega:

-Oye, ¿nos vamos a ver la última película de Scorsese?

Hostia, no puedo, que tengo que hacer compra en Merc…

– ¡Blom! Tic tic, tic tic

Solo en el mundo como me veía, decidí aplicarme los consejos de Aristófanes cuando dijo aquello de que Los hombres sabios aprenden mucho de sus enemigos. Era una misión de alto riesgo, porque el olor de mi sangre me delataba. Así que encargué a mi querida esposa un camión de toallitas refrescantes y aromatizadas de Deliplus, me limpié con ellas y tomé un cuchillo jamonero por si las moscas, no antes de recuperar clásicos como ‘Machete’ y ‘Rambo’ para refrescar los recursos de defensa personal. Anduve los 50 metros y traspasé la línea roja sin que el negrito retirara una sonrisa bastante diabólica durante 10 interminables segundos. Durante un rato todo pareció funcionar bien, me mimeticé a la perfección con los zombies y hasta me parecía que el pescado caducado tenía buena pinta. Entonces vi a uno de los jefes, identificables porque lucen unas camisas con unas rayas verdes verticales, y le pregunté dónde carajo estaba el pan Bimbo. “No tenemos, pero ahí tienes de Hacendado” What the Fuck!!! Del susto que me llevé se me cayó la bolsa de Carrefour que llevaba en el bolsillo y, a pesar del imperceptible ruido, decenas de zombis se volvieron y empezaron a caminar hacia mí. Por suerte fui más rápido y logré llegar a casa sano y salvo.

Sudando la gota gorda como estaba, mi esposa me dio un recorte de prensa que remató mis neuronas: el presidente de Mercadona, Juan Roig, es el tercer español más rico del mundo y el 223 del mundo, con un patrimonio de 4.700 millones de euros. Pero a este valenciano no le basta con romper todos los récords económicos, sino que además quiere dejar su impronta ante la opinión pública con lindezas como que “tenemos que imitar la cultura del esfuerzo con la que trabajan los chinos en España” o que “la reforma laboral se ha quedado corta”. La imagen maravillosamente distribuida por el ejército de zombis es que las condiciones laborales de esta empresa son excepcionales, siendo verdad en el sentido de que el salario es bastante superior a la media del sector (1250 € netos + paga beneficios). Pero no es oro todo lo que reluce. Las denuncias se acumulan en los centros de distribución por despotismo y obligar a trabajar horas extras sin remunerar (seguramente a esto se refería Roig al hablar de trabajar como chinos), el absentismo por baja médica está íntimamente relacionado el despido y las prácticas comerciales son de dudosa ética en muchas ocasiones. Muy habitual es su estrategia de encargar a una pequeña empresa un pedido brutal (requiriendo la lógica inversión en maquinaria y personal) y al año obligarla a bajar los precios si quieren seguir colaborando (todo un chantaje porque esa empresa ya ha hecho la inversión ingente y tiene que darle salida).

Juan Roig, presidente de Mercadona

 Habrá algún estimado lector que pueda pensar que esto lo hacen todas las grandes compañías, y no les faltará razón. Admito que Mercadona tiene muchos productos buenos, el precio es notable y la atención al cliente sobresaliente. Quien quiera comprar allí que lo haga, pero, por favor, no actuemos como directores de marketing, que al señor Roig no la hace ninguna falta. Y sí podemos diversificar nuestras compras, mucho mejor, que todo el mundo tiene derecho a comer…

 That’s all, friends!, os dejo que tengo que comprar unos croissants en Mercadona.

10/03/2012 at 13:28 20 comentarios


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