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La Fiesta del Cine, la supervivencia del cine

 La Fiesta del Cine con sus entradas a 2,90 euros ha sido todo un éxito. Durante tres días las interminables colas de antaño han vuelto en torno a las taquillas para taquicardia del exiguo personal que las atiende, las butacas de la primera fila que tenían telarañas han alojado por fin el trasero de algún ejemplar ciudadano, los cinéfilos han derramado alguna lagrimita de emoción con la esperanza de que el séptimo arte no siga languideciendo y los ingresos se han disparado en relación a los obtenidos en días similares, a pesar de los descuentos de hasta el 70% por billete. El “todos contentos” origina una pregunta tan lógica como recurrida: ¿Es el elevado precio de la entradas de cine el que ha espantado al personal?

 Los datos son demoledores: 141 salas cerradas en toda España en apenas 15 meses, un 12% de puestos de trabajo perdidos en el sector y una caída de ingresos del 42% en solo un año. La respuesta del mundo del cine ante este desastre no ha sido de autocrítica, sino de autodestrucción, manteniendo los precios a niveles estratosféricos en relación a la disponibilidad económica del españolito de a pie en estos turbulentos tiempos. Después profundizaré a este harakiri del sector, pero el vil dinero no nos puede hacer olvidar que en el hundimiento del cine intervienen otras variables también importasntes:

  •  La calidad media de las películas se ha desplomado en cuestión de una década. Antes podías ir todas las semanas al cine y ver un largo de altos quilates, mientras que en la actualidad para ir una vez al mes te puede costar un riñón encontrar un título sugerente. Remakes sin ideas, secuelas palomiteras e infinitas películas para el público infantil predominan en una cartelera marcada por la falta de ideas, la ausencia de ingenio y por la pérdida de directores y actores de gran carisma que no han encontrado reemplazo. Buena muestra de ello es que, incluso en casa, hayamos suplido el visionado de largometrajes por el de series. Son más cortas y tienen más categoría.
  • Ir al cine ha dejado de ser un acontecimiento social. El centro de Madrid estaba plagado de cines de enorme encanto y era impagable darte un paseo por la Gran Vía un domingo por la tarde, tomar el sol en la Plaza de España, merendar un chocolate con churros en San Ginés y ver una película en alguno de esos templos del séptimo arte. En 2013, la inmensa mayoría de esos cines han sido sustituidos por las clónicas tiendas de H&M o Mango, y en el mejor de los casos, por glamurosos teatros de musical-trampa para el turista. Ahora el mando lo ostentan los multicines alojados en los grandes centros comerciales del extrarradio con carteleras casi idénticas, repleta de dibujos para engatusar a familias con niños que entre las entradas, las palomitas y la compra del Carrefour se dejan medio sueldo.

  • El cine ha sido minimizado por la competencia. Había tiempos en los que ver la última película de Paul Newman y Robert Reford era prácticamente la única forma de disfrutar el tiempo de ocio, o, si acaso, ver al Atleti empatar en el Calderón. En pleno siglo XXI, en la era de Internet, tenemos a nuestra disposición miles de opciones: ver el fútbol en la tele por cable, jugar con la Wii con los colegas, tragarnos dos temporadas de Lost del tirón o llevarnos a nuestros sobrinos a un parque temático. O quedarnos toda la tarde revisando el Facebook porque, no lo olvidemos, somos cada vez menos sociales. E ir al cine ha sido tradicionalmente una actividad de grupo.

  • Las descargas de internet han ampliado las posibilidades de visionar cine y la respuesta del universo cinematográfico ha sido la nada absoluta. En vez de aprovechar las nuevas tecnologías para ofrecer a los clientes productos económicos, SGAE y acólitos se han empeñado en intentar poner puertas al campo con reglas como la Ley Sinde destinadas al fracaso. Tan necesario y lógico es que la cultura no puede ser totalmente gratis (detrás hay creadores que no viven del aire) como que tenga precios competitivos y esté al alcance de cualquiera.

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 Si unimos los factores antes enumerados al escandaloso precio de las entradas, podemos cuantificar con dos dígitos la pérdida de asistentes a los cines durante los últimos años hasta llegar a la hecatombe del pasado junio, cuando se pulverizó la peor recaudación de la historia en un 30%. Comparamos estos datos con los resultantes de la Fiesta del Cine a la que se sumó el 90% de los complejos de España: cerca de 850.000 espectadores en las jornadas de lunes y martes, llegando a ser un 900% más que el mismo día de la semana anterior con el precio habitual. Evidentemente este desbordamiento de la pasión no se mantendría en el caso de que se normalizara una tarifa asequible de forma permanente, porque desaparecerían los factores “novedad” y “protesta” que han movilizado en parte a los ciudadanos; pero a buen seguro favorecería un fuerte crecimiento de la cultura del cine al igual que el lowcost aéreo ha permitido a muchas personas con pocos recursos económicos conocer otros países. Teniendo en cuenta que:

  • El precio de la entrada en España está por encima de la media europea en términos comparativos con los salarios. En Madrid sale más caro ir al cine que en París, Berlín, Bruselas, Viena, Dublín, Estocolmo, Lisboa, Oslo, Helsinki, Luxemburgo… o Nueva York.

  • Por decisión del Gobierno del PP, el iva cultural se igualó con el tipo máximo: el 21%. En Francia y Alemania se paga el 7%, en Portugal el 13%, en Holanda el 6%, Irlanda el 9%… o en Noruega un 0%. Y, paradojas de la vida, ver un partido de fútbol en España supone el pago de un iva reducido del 10%.

 ¿Y quién se queda con los casi diez euros que cuesta ya una entrada en muchas salas de España? Pancho Casal lo resume perfectamente en su blog en una entrada que, aunque un poco antigua, tiene vigencia. Simplificando y dejando aparte el iva y el pertinente 2% que se lleva la SGAE, alrededor del 50% queda en manos de los propietarios de los cines, el 30% a disposición de los productores de la película y el otro 20% para los distribuidores. 

 ¿Hay salida para el mundo del cine? Por supuesto. Es necesario un nuevo modelo cimentado en la calidad de las películas en contraposición a las morrallas infumables que las grandes productoras obligan a proyectar a cambio de los derechos del Avatar de turno; un compromiso de los propietarios de los cines a moderar las tarifas paralelamente a la minimización de la distribución que tanto encarece los productos en todos los sectores de la economía; que el Estado entienda que la cultura es un pilar básico de la condición humana que no puede gravarse con un 21%; y, mirándonos al ombligo, que llegado el caso de que podamos ir barato al cine, lo hagamos y no nos conformemos con descargarnos las películas en casa.

23/10/2013 at 22:12 1 comentario

The Company Men: La crisis en versión ejecutivo

El desempleo nunca es gusto para nadie pero hay dos maneras de asimilarlo. Puedes concebirlo como un punto y final a una vida forjada por y para el trabajo, como un desplome a la nada más absoluta tras años y años dándolo todo por una empresa que te ha facilitado una enorme casa con jardín y un Porsche de impresión. Los más optimistas prefieren considerar el despido no como un fin, sino un principio; la posibilidad de una nueva convicción vital que te permita atender a tu familia y tus amigos por encima de todo, tal vez jugando con tu hijo al baloncesto en la canasta de casa y no al golf en ese club tan elitista al que pertenecías. Entre estos polos se mueve el primer largometraje de John Wells, que no puede venir más a cuento que en estos tiempos que corren en los que la lista de parados se dispara y demasiadas grandes empresas salen fortalecidas de la crisis económica.

Tommy Lee Jones en un fotograma de The Company Men

Tommy Lee Jones en un fotograma de The Company Men


Muchas películas anteriores habían profundizado en el drama del paro pero pocas habían dirigido su mirada hacia los ejecutivos que son obligados a pasarse al lado oscuro. The Company Men narra la historia de tres peces gordos de una gran empresa astillera que creían saborear las hieles del triunfo: motivación profesional con las mejores vistas del ‘skyline’ de Boston, una vida repleta de lujos y caché social. Pero estos tres pilares básicos en la existencia de estos directivos se desplomaron a la vez que recibían la notificación de que debían buscarse otro trabajo. El ansia de los mercados y el poder de los accionistas habían acabado con sus fulgurantes carreras como antes habían dejado en la estacada a miles y miles de empleados rasos. Pensaban que a ellos nunca les tocaría, pero se equivocaban. Sus mundos vestidos de traje y corbata, de cenas fuera de casa y mesas valoradas en 16.000 dólares habían desaparecido. Les daba la bienvenida una nueva realidad más amarga, presentada por agencias de recolocaciones con jovencitas sin rubor a dar lecciones a los veteranos ‘gallitos’ y marcada por severos ajustes económicos.

Hay quien intenta amoldarse a la nueva situación y lucha por la supervivencia, se desprende de su deportivo, se muda con sus padres y se remanga para clavar tornillos si es necesario, haciendo de tripas de corazón. Y hay quien nunca puede asimilar ese vacío que invade su alma y es capaz de deambular trajeado por la ciudad durante todo el día maletín en mano para que sus vecinos no crean que ha perdido su posición. The Company Men muestra, pues, una conexión entre el mundo de los ‘tiburones’ financieros y la realidad del pobre arreglista autónomo que debe trabajar los domingos para acabar en plazo la remodelación de la casa de la que depende su pan. Es un perfecto escaparate de la frialdad con la que se ejecutan las grandes decisiones en el ámbito empresarial y cómo las personas buscan el reciclaje profesional y una redefinición familiar.

Kevin Costner y Ben Affleck en un fotograma de The Company Men

Kevin Costner y Ben Affleck en un fotograma de The Company Men

Es curioso como una temática tan cercana como el desempleo se nos hace tan lejana en esta película. Es el precio de poner en la mirilla a personajes que, ¡oh pobrecitos!, pierden su Porsche o su exclusiva casa. Poco ayuda a la empatía con el espectador esta visión del problema, pero a la vez creo que aporta un aire fresco para hacer una composición de esta realidad latente desde todos los puntos de vista. El relato está bien llevado y cabalga con un ritmo frenético entre un cúmulo de detalles más que interesantes, no incurre en el melodrama y cuenta con la ventaja de ser representada por un elenco colosal de actores, con Tommy Lee Jones y Chris Cooper a la cabeza. La previsibilidad del desarrollo y el facilón desenlace –en especial la última escena- dejan un regusto un poco amargo, aunque no tanto para afear una cinta que bucea entre las cloacas de la economía del siglo XXI que tanto daño está haciendo.

02/05/2011 at 21:49 Deja un comentario

También la lluvia es nuestra

El mundo no ha cambiado tanto como puede parecer en los últimos cinco siglos. Sí, tenemos Internet donde antes había mensajes dentro de botellas, cambiamos de continente en lo que echamos un sueño en el avión y ya no guerreamos a caballo y con espadas. Pero las relaciones de poder mantienen su naturaleza original hasta el punto de que en pleno siglo XXI seguimos observando cómo unos pocos se aprovechan sin misericordia de unos muchos para colmar sus ambiciones más personales. Ahora los ‘conquistadores’ no degüellan a indígenas ni roban oro a espuertas, como en la época de Cristóbal Colón; sin soldados y en forma de poder económico se apoderan de los recursos ajenos para el beneficio propio y subrayan la desigualdad social existente entre personas según dónde hayan nacido. Incluso el agua es susceptible de ser un negocio con pingües beneficios. Como bien sugiere el título de la película, también la lluvia puede ser propiedad privada.

La última obra de Icíar Bollaín es un magnífico ejercicio reflexivo acerca de la cruda realidad de miseria y explotación que millones de personas padecen a lo largo y ancho del mundo y que solo puede ser combatida con unión y valentía. Estos días lo hemos estamos viendo por televisión en diferentes países musulmanes cuyos ciudadanos han dicho basta ante situaciones de tiranía. En una dimensión menor pero de alto simbolismo, la privatización del agua y la multiplicación de su coste para el pueblo derivó sacudió los cimientos de Bolivia como si de un terremoto se tratara. Todos aquellos despectivamente llamados ‘indios’ que malvivían en chabolas se negaron a quedarse sin agua, sin su agua, y se enfrentaron a las autoridades con todos los medios a su alcance. Medios escasos pero bien amplificados por esa desesperación que obliga a todo mortal a dar un golpe sobra la mesa.
La lucha de los indígenas contra las tropas españolas, en También la Lluvia
También la lluvia muestra los pormenores del conflicto que azotó en 2000 a la tercera ciudad más importante del país andino, Cochabamba, bajo el prisma de un grupo de cineastas españoles que se encuentran en la región filmando una película. Lo que empezó como un rodaje plácido por el bajísimo coste que conllevaba la producción en un país en el cual tenían a su entera disposición y casi por la cara recursos materiales y humanos –a razón de dos dólares por extra-, acabó convirtiéndose en una auténtica cinta de terror al quedarse encerrados en medio de un estado de extrema convulsión por las movilizaciones sociales. La descripción cinematográfica de la situación de extrema esclavitud a la que se vieron sometidos los indígenas por las huestes de Colón, aparentemente tan lejana en el tiempo, empezó a convertirse en una alargada sombra para el equipo español, conscientes en mayor o menor grado de su injusta ‘superioridad’ por ser de donde son y tener dinero.

Estamos pues ante una placentera muestra de cine comprometido reconocido a partes iguales por público y por crítica. Cine pensado no para entretener sino para despertar nuestra conciencia acerca de qué cosas suceden en algunos de los rincones más olvidados del mundo, a los cuales llegan con inusitada fuerza los fantasmas de la corrupción y el poderío de las multinacionales. Ciertamente no es una película muy original, de hecho se parece sospechosamente a una modesta película filmada en 1995 por un desconocido director boliviano llamada Para Recibir El Canto de los Pájaros; pero durante las dos horas de metraje nos hace sentarnos delante de la gran pantalla preguntándonos porqué pasan estas cosas.

Luis Tosar y Gael García Bernal, protagonistas de También la Lluvia, la última película de Icíar Bollaín

El atractivo hilo argumental, la buena interpretación de los actores –como es habitual, Luis Tosar está inconmensurable- y la preciosa fotografía de las montañas bolivianas impulsan una película de la que destaca, ante todo, su compromiso. Eso sí, la historia merecía un desenlace alternativo a la ñoña redención del protagonista, más atención a los personajes secundarios y, tal vez, menos maniqueísmo en ciertos pasajes.

DIRECCIÓN: Icíar Bollaín
INTÉRPRETES: Luis Tosar, Gael García-Bernal
CALIFICACIÓN: 7/10

31/01/2011 at 21:31 Deja un comentario

La vida no es tan ‘biutiful’

La maravillosa Barcelona de los Juegos Olímpicos y de Gaudí, capital de la cultura y siempre cosmopolita, con su aroma mediterráneo y mundialmente representada por su club de fútbol más emblemático, tiene una cara oscura que tenemos la oportunidad de descubrir en la última película de Alejandro González Iñárritu. Una ciudad que, a medida que nos alejamos de la brillante luz de la Sagrada Familia y de las hordas de turistas, nos presenta como propios algunos de los dramas que conforman la sociedad del siglo XXI.

La inmigración ilegal, la violencia, la corrupción, la explotación laboral, la prostitución y el alcoholismo hacen sombra a una Barcelona que aparece menos ‘Biutiful’ que nunca. Porque no hace falta remitirse a un país subdesarrollado localizado a miles de kilómetros para toparnos con una realidad que el director mexicano se ha encargado de mostrarnos con toda su crudeza. Sin concesiones.

Aparece Barcelona como podía haberlo hecho Madrid o Nueva York. Cualquier gran ciudad esconde entre laberínticas y estrechas callejuelas una lucha por la supervivencia de sus habitantes, desolados por la miseria y la desazón de un presente poco halagüeño y un futuro inexistente. Uxbal (Javier Bardem) ejemplifica a la perfección esa vida que por desgarradora elimina todo atisbo de esperanza. Ganarse el pan delinquiendo y ‘progresar’ de la mano con la mafia china solo puede ser superado en patetismo por una vida familiar desestructurada, con dos hijos pequeños carentes de guía y una ex mujer prostituta.

Javier Bardem y Maricel Alvarez

Javier Bardem y Maricel Alvarez

Las sucias y agobiantes calles del Raval de Barcelona, también la desastrosa casa del protagonista, son testigo de que las cosas siempre pueden ir a peor. Uxbal contrae una enfermedad terminal que le obliga a buscar subrepticiamente un futuro para sus hijos. La batalla entre la vida y la muerte se torna en verdadera protagonista, cruel y paradójicamente, en un individuo que hasta entonces se dedicaba a sacar un pellizco como médium de medio pelo. Los cadáveres colgados en el techo de su casa le recuerdan su triste destino y la recordada figura de su padre le marcan en un camino de obligado tránsito.

‘Biutiful’ es una de esas películas que dejan huella. Su triste y demoledora historia nos hace cuestionarnos sobre el significado de la muerte en una sociedad corrompida, repleta de eslabones perdidos. Iñárritu borda la presentación del dolor inherente a la condición humana, como ya hizo con sus fantásticas ‘Amores Perros’, ’21 Gramos’ y ‘Babel’, aunque en esta ocasión apueste por el desarrollo cronológico en vez de la magistral estructura de puzzle con que nos deleitó en estas últimas. Se echan de menos esos saltos en el tiempo y un poco de rapidez en ciertos momentos, especialmente en los primeros minutos. Pero merece la pena ver esta obra, nominada con todo merecimiento a los Globos de Oro, por su propuesta social, su deliciosa historia y la inmensa interpretación de todos los actores, especialmente del absoluto protagonista: Javier Bardem.

DIRECCIÓN: Alejandro González Iñárritu
INTÉRPRETES: Javier Bardem, Maricel Alvarez, Eduard Fernández
CALIFICACIÓN: 8/10

06/01/2011 at 11:28 1 comentario


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