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5 razones para votar en las Europeas (y huir del bipartidismo)

España, ese país que estuvo 40 años sin poder votar por cortesía de Franco y sus huestes de miserables, vio como en 1977 sus ciudadanos pudieron saborear el aroma de la libertad depositando su voto en una urna para elegir a sus representantes políticos. Pomposamente se le ha llamado la fiesta de la democracia, tal vez por las tinieblas que envolvían nuestro pasado reciente, tal vez por la confianza que daban aquellos jovenzuelos muchos de los cuales habían luchado en primera línea de fuego contra el régimen, y seguro por la ilusión por un nuevo país más justo y próspero que embargaba a casi todos. Pero con el paso del tiempo ha involucionado hacia la fiesta de la resignación en paralelo con la desafección hacia la actual clase política, embarrada por la corrupción, manejada como títeres por el poder económico y poco amiga de acercarse al pueblo a no ser que estemos en campaña electoral. En pleno proceso de lapidación del estado de bienestar llegan ahora unas elecciones que nos suenan a chino más que a europeo. Y, sin embargo, el 25 de mayo, nos jugamos mucho.

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Según un estudio del Real Instituto Elcano, al 43% de los españoles no les parecen importantes las Europeas del 25 de mayo. Muchos se abstendrán porque pensarán que, en un domingo en plena resaca del Real Madrid – Atlético de la final de la Champions, hay al menos mil cosas mejores que hacer que votar a un partido político que es igual de corrupto que el resto. Se equivocan. No parece demasiado relevante cómo se configure el Parlamento Europeo, que es lo que se vota, porque al fin y al cabo su función queda ensombrecida por la acción del Consejo Europeo, o sea los presidentes de Gobierno de los estados-miembro, o sea, lo que digan Alemania y Angela Merkel. La trascendencia de estas elecciones es pronunciarnos sobre si estamos dispuestos a seguir dando patente de corso a PP y PSOE, los partidos mayoritarios que se han repartido el pastel con cargos excelentemente remunerados y financiaciones irregulares y que se retroalimentan de forma infinita como si de contertulios de Sálvame se tratasen. O bien confiar en los pequeños partidos compuestos por savia nueva que sean capaces de al menor actuar como contrapeso de los viejos elefantes.

No te abstengas y acude a votar por un partido minoritario, recuerda que el voto el blanco beneficia a los partidos mayoritarios. Si tienes dudas, aquí te dejo algunas pistas:

  1. Las elecciones más justas: Al haber una circunscripción única, todo el país, tenemos la garantía de que todos los votos valen exactamente lo mismo. En las elecciones al parlamento español existen las circunscripciones provinciales que tanto benefician a los partidos mayoritarios y nacionalistas y perjudican a los minoritarios que tienen sus votos repartidos. Por ejemplo, en las de 2011 cada escaño de UPyD costó 227.538 votos por 152.487 a IU, mientras que en el polo opuesto, al PSOE le costó 63.248 votos o al PP 58.073. Por supuesto, los grandes no quieren ni oír hablar de la reforma del sistema electoral.

  2. Desmovilización del electorado: Sabedores de la desastrosa imagen que tienen los ciudadanos de ellos y del riesgo que puede suponer la indignación que se respira por las calles del país, PPSOE proyectaron una campaña electoral en clave de desmovilización general, sin ruedas de prensa, sin apenas entrevistas. El plan: que la abstención engulla las aspiraciones de los partidos minoritarios y que sus millones de ‘hooligans’ blinden aún más si cabe el sistema bipartidista. La Junta Electoral echó un guante: prohibió a la Unión Europea que instara a los españoles a votar, siendo el único país donde ocurre ésto por una supuesta protección de la abstención como “opción política”. O sea, no podemos ver después del Telediario un anuncio en el que nos animen a votar pero sí podemos ver a una mujer en bicicleta pidiendo el voto para el PSOE. 

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  3. Perpetuación del bipartidismo. A Mariano Rajoy se le escapó en una de las escasas entrevistas que ha concedido: “(PP y PSOE) al final somos lo mismo”, en relación al gobierno de coalición de Merkel con los socialdemócratas en Alemania. Poco después Felipe González no tuvo reparos en afirmar que respaldaría una coalición entre populares y socialistas “si el país lo necesitara (sic)”. Y, bueno, luego están algunos tuits ilustres…1

        4. Campaña con minúsculas: En lugar de espolear un debate sobre el presente y futuro de Europa, que es lo que se dilucida, unos y otros se han tirado los trastos a la cabeza en una competición para ver quién era el más ridículo: Elena Valenciano sacando partido del sonoro patinazo de Arias Cañete acerca de la superioridad intelectual del hombre sobre la mujer y éste repartiendo manuales de cómo superar las herencias recibidas. Y siempre implorando por el “voto útil”, unos arrogándose el papel de dique de contención de la “derecha más rancia”; otros, como los salvadores de la patria y garantía de la unidad constitucional del estado español. Cuando en realidad ambas formaciones han sido las culpables a partes iguales de la calamitosa situación económica española, inflando la burbuja inmobiliaria hasta que nos estalló en las narices, inclinándonos ante los poderes económicos (banca, inversores y Troika) o pactando reformas de la Constitución para limitar la deuda pública.

  1. Chorreo de dinero: En pleno siglo XXI, en la era de Internet, los partidos políticos siguen despilfarrando en medios de propaganda propios de del XX: carteles a todo color colgados de las farolas en las principales ciudades, envío por correo postal de la lista del partido con el sobrecito para que lo metas dentro, mítines masivos con militantes llevados en autobús… Y todo esto tiene un coste, claro, a costa del contribuyente. En un país en el que el 21,6% de su población vive bajo el umbral de la pobreza, suena a provocación que se dediquen 29,34 millones de € en subvenciones a los partidos políticos sólo para financiar esta campaña. Pero no a todos, sólo a los que obtuvieran representación parlamentaria en las anteriores: 32.500 € por escaño más 1,08 € por voto. Mientras tanto, otras representaciones menores han tenido que sobrevivir de prácticas como el crowdfunding, colecta por la red que por cierto va a ser limitada por el Gobierno.

Desde luego hay más razones para no depositar nuestra confianza en esta gente: la corrupción común que les pringa (véase Gurtel, EREs de Andalucía) y que les obligó a pactar no hablar de ella en el único debate televisado entre Cañete y Valenciano; el hecho de que siempre veamos a los mismos rostros encabezando las listas, en una suerte de intercambio de cromos que permite a unos pocos estar forrándose a costa del contribuyente y que dice muy poco del saneamiento democrátrico interno de estos partidos; o que los grandes medios de comunicación hayan forzado las máquinas para acallar cualquier intentona de los pequeños de hacerse con un hueco electoral, como vemos en esta portada de ese periódico que en su día fue de izquierdas…

 

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Entonces, ¿te hace un voto para los partidos minoritarios?

23/05/2014 at 23:18 Deja un comentario

Los chorizos, a la barbacoa. El #18J en imágenes

Miles de personas se concentraron este 18 de julio en diferentes ciudades españolas frente a las sedes del PP en señal de protesta por las políticas desarrolladas por el gobierno de Mariano Rajoy. El escándalo de los pápeles de Bárcenas ha sido la gota que ha colmado el vaso para que se moviera esta concentración a través de las redes sociales, vía asociación 15M, con un eslogan tan cañí como esclarecedor: “barbacoa de chorizos”.

La concentración más numerosa se produjo ante la sede central en Madrid, en Génova 13 (Rue del Percebe). Esta céntrica calle de la capital se cortó en parte y también algunas calles adyacentes, bien custodiadas por cientos de policías. El animado publicado no ahorró soflamas contra los máximos dirigentes populares: “Rajoy y Cospedal, a Soto del Real“, “presidente, delincuente” y el ya clásico “lo llaman democracia y no lo es“.

Los chorizos fueron un referente en las pancartas esgrimidas por los manifestantes. Esperemos que acaben todos muy achicharrados.

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Pancartas cachondas en la manifestación del 19J/

18/07/2013 at 21:21 Deja un comentario

El nacionalismo como arma de manipulación política

La manifestación independentista convocada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) que reunió a millón y medio de personas en el centro de Barcelona en la Diada ha sacudido los cimientos de España. A rebufo de ella por primera vez un presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha anunciado solemnemente el firme propósito de que Cataluña sea una nación “por sí sola”. Volvemos a enarbolar la bandera de la independencia, de la desintegración que tanto parece gustar por estas tierras, sobre todo a unos políticos que lo ven como una oportunidad de sacar buen provecho. Dicho lo cual, ¿pueden los pueblos hacer uso del derecho de autodeterminación? ¿Podemos ver una Euskadi separada? Yo lo tengo claro: sí. Veamos algunas cuestiones y otras paradojas de esta situación.

  • Es indudable que la manifestación fue un éxito rotundo y que el sentimiento nacionalista en Cataluña ha crecido. Ha pasado de ser relativamente residual a una realidad palpitante. El Partido Popular tiene buena culpa de ello. La recogida de firmas del partido presidido por Mariano Rajoy contra el Estatut y el recurso al Tribunal Constitucional, o la petición de boicot a los productos catalanes, aliñada con frases como la del ex secretario general Ángel Acebes (“ETA se convierte en el tutor de la reforma del Estatuto de Cataluña”) han sido como una cerilla dentro de un bidón de gasolina. Su interés por asegurarse el voto de la derecha más radical les hizo ganar en hostilidad hacia esos catalanes que ahora, claro, se rebelan.
    Aunque ¡ojo!, paralelamente ha crecido el sentimiento anticatalán en España: las habituales chulerías de Joan Laporta o escuchar a Duràn i Lleida criticando que los catalanes estén “financiando” a los agricultores andaluces dan auténtica grima. Y es que, aunque es cierto que las nuevas generaciones catalanas, también los hijos de los emigrantes españoles, sienten con especial profusión esta nacionalidad, hay que resaltar que la educación tiene su importancia. Cuando con según qué planes y en qué escuelas, instruyen a los niños según un modelo nacionalista…
  • Gran manifestación independentista en Barcelona

  • Flaco favor para la convivencia han hecho los medios de comunicación de derechas. Escuchar a Federico Jiménez-Losantos perlas como “los españoles somos los judíos preferidos de los nazis catalanes” o a César Vidal decir que si los catalanes continúan con esta tónica, “como hijos vagos y gorrones, es mejor que agarren la puerta y se vayan”, no ayuda mucho. Se puede ser crítico con la gestión de los políticos de aquella región, pero insultar de esta forma a millones de personas es hasta delictivo.
  • Hablemos de CIU, sin duda el partido más travestido de nuestra democracia. Ha brindado su apoyo a gobiernos del PSOE y del PP para la gobernabilidad de España a cambio de componendas para Cataluña, así que no le ha debido ir tan mal cuando hasta Aznar hablaba catalán en la intimidad. Es bochornoso que se suba al carro de la manifestación -a la que no asistió Artur Mas pero sí Duràn, un tipo que siempre ha mantenido que no desea la desmembración de Cataluña de España- y que a partir de ahora priorice la “transición nacional” en vez de velar por los derechos sociales que tanto está recortando.
  • Es curioso que CIU reclame el avance hacia la independencia pocos días después de pedir al “maldito” estado español un rescate millonario porque, en caso contrario, ni podrán pagar a los funcionarios. Se habla de “déficit fiscal” y probablemente sea verdad; pero como existe déficit fiscal en Madrid, País Vasco, u otras regiones “ricas”. Se llama solidaridad con el resto de territorios, como cuando todos fuimos solidarios para que la Barcelona olímpica de 1992 presentara esa imagen tan fantástica a ojos del mundo. Y si Catalunya ahora está como está, es por la crisis y por la nefasta gestión primero de la propia CIU y después del tripartito PSOE-ERC-Los Verdes.
  • Rajoy y Mas hablan

  • Respeto a toda la masa de gente que salió a manifestarse en Barcelona con el lema “Catalunya, Estado de Europa’ envueltos con la Senyera, pero no entiendo porqué no hacen lo mismo cuando Artur Mas ha aplicado recortes tan brutales a los funcionarios, en sanidad y educación, mientras que mantiene partidas tan “importantes” como las embajadas en distintos países del mundo. Es como cuando un obrero sale a recibir al Real Madrid a la Cibeles pero se queda en casa cuando hay una manifestación para protestar contra la reforma laboral.
  • Los nacionalismos me parecen vestigios del siglo XIX, propios de las guerras carlistas, ya sean vascos, catalanes o españoles. Me parecen instrumentos en manos de los políticos para asegurarse su supervivencia, como está demostrando CIU en estos momentos. A veces se insultan, a veces se quieren, es como el “1984” de Orwell y las guerras intercambiables entre Eurasia, Eustasia y Oceanía. Se retroalimentan, como los contertulios de Sálvame. Además, en un mundo globalizado de pertenencia a la Unión Europea y la OTAN, donde el Tribunal Constitucional Alemán va a marcar tu futuro económico y China seguirá exportando igual de barato, el desfile de himnos y trapos de colores me parece algo bastante sonrojante, la verdad.
  • Aunque no lo comparto, respeto que haya gente que no se sienta española y sí catalana, vasca o conquense. En este sentido tengo que decir que sí creo en el derecho de autodeterminación: si una región decide pacífica, limpia y democráticamente la secesión, deben tener libertad para fundar su nación. Catalunya está en esa situación, al contrario de una Euskadi que aún tiene demasiado cerca el fantasma de ETA. Tuvo una banda terrorista, Terra Lliure, pero a principios de los 80 se disolvió para dejar vía libre a la política. El problema es determinar como evaluar los resultados. ¿Si el 50,1% votan sí a la independencia, es suficiente para tomar una medida de tal calibre? ¿Si Girona vota sí y Barcelona no, creamos una división entre ellos? Es un tema peliagudo. Y se puede ver con el Vall d’Aran, una comarca belicosa que nunca se ha sentido catalana. ¡Ah! Y respecto a la cantinela habitual de que la Constitución no contempla la convocatoria de un referéndum, replicar que se puede cambiar, como hicieron PP y PSOE por la vía rápida para incluir en ella un principio genérico de estabilidad presupuestaria.

En fin, ójala haya calma y podamos recuperar el estado de bienestar que políticos, banqueros, mercados financieros y empresarios sin escrúpulos nos han expoliado a todos. A madrileños, catalanes, vascos, andaluces. A todos. Eso es lo que debe importar y lo que nos debe unir, porque nuestros problemas serán los mismos independientemente del país al que pertenezcamos.

12/09/2012 at 23:34 1 comentario


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